Cuentos de Día de Muertos para niños: dos historias y actividades
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Dos cuentos originales para leer en familia o en el aula. Las preguntas y actividades aparecen después de cada historia.

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Las galletas de media luna
Alba tenía nueve años y estaba lista para hacer galletas. Se había puesto un delantal tan grande que casi le llegaba a los zapatos. Su papá, Miguel, dijo que parecía la dueña de una panadería. Alba se rio, pero no se quitó el delantal.
Era Día de Muertos. En casa, la abuela Lidia quería preparar una ofrenda pequeña, un rincón con objetos para recordar a la tía Inés, que había muerto años atrás. Pondrían una fotografía, una flor anaranjada de cempasúchil y un plato con las galletas de naranja que a Inés tanto le gustaba hacer. Miguel prefería recordar a su hermana contando historias graciosas sobre ella. Alba quería ayudar con las galletas y escuchar esas historias.
La abuela abrió su caja de recetas y sacó una tarjeta amarilla. Al mirarla, se quedó quieta. Una mancha de agua había borrado casi todas las cantidades. Solo podían leer «naranja» y «hacer dos rayitas con un tenedor».
—¡Pero si las íbamos a preparar hoy! —dijo Alba.
—Recuerdo su olor, pero no cuánto llevaba de cada cosa —contestó Lidia. Miró los ingredientes sobre la mesa y suspiró.
Alba pensó un momento. Después fue al estante y trajo el cuaderno donde su papá apuntaba las recetas de todos los días.
—Aquí hay unas galletas sencillas. ¿Y si usamos esta masa y le ponemos naranja?
Miguel leyó la receta en voz alta. Lidia encontró una naranja, lavó la fruta y ralló un poco de su cáscara. Alba mezcló los ingredientes con una cuchara. La masa olía muy bien, pero se pegaba a sus dedos. Miguel añadió la harina que indicaba el cuaderno y la ayudó a seguir.
Hicieron medias lunas con las manos. La primera quedó tan delgada que se rompió al levantarla. La segunda parecía un plátano. La tercera salió casi perfecta.
—A Inés le habría encantado la del plátano —dijo Miguel—. Una vez hizo un pan con forma de zapato y aseguró que era un pez.
Lidia soltó una carcajada. Luego le enseñó a Alba a marcar dos rayitas con el tenedor, como decía la tarjeta. Miguel metió la bandeja al horno y se encargó de sacarla.
Al probar una galleta, la abuela sonrió.
—No es exactamente la receta de Inés. Pero tiene ese olor a naranja que llenaba su cocina.
Al caer la tarde, pusieron unas galletas en la pequeña ofrenda y dejaron las demás para compartir. Miguel contó la historia del pan que parecía zapato. Alba la pidió dos veces.
Antes de guardar el cuaderno, Alba escribió: «Nuestras medias lunas de naranja». Anotó las cantidades y dibujó al lado una galleta con forma de plátano. Así, el próximo año podrían prepararlas otra vez, con foto y ofrenda o simplemente para merendar juntos.
Preguntas de comprensión y respuestas
- ¿Qué problema encontraron al buscar la receta de la tía Inés? Respuesta: Una mancha de agua había borrado casi todas las cantidades.
- ¿Qué idea tuvo Alba para poder hacer las galletas? Respuesta: Usar una receta sencilla del cuaderno de su papá y añadirle naranja.
- ¿Cómo recordaron a Inés al final de la historia? Respuesta: Compartieron las galletas y escucharon la anécdota del pan con forma de zapato; también colocaron algunas en una ofrenda pequeña.
Actividad para familia o aula: una receta inventada
Dibuja una galleta con una forma divertida. Ponle un nombre y escribe tres ingredientes que te gustaría usar. Después, cuenta a un compañero o familiar por qué elegiste esa forma. Es un juego de imaginación: no hace falta cocinar ni hablar de pérdidas personales.
La exposición que casi salió volando
En cuarto grado, la maestra Sonia propuso preparar una pequeña exposición por el Día de Muertos. Cada equipo explicaría una costumbre que se practica en algunas familias de México. Nadie tenía que llevar objetos de su casa ni contar historias personales.
Lucía, que siempre dibujaba flores en las orillas de sus cuadernos, formó equipo con Tomás y Nico. Decidieron mostrar cómo se usa el papel picado para decorar. Lucía dobló hojas de colores y recortó figuras para dejar huecos con forma de flores y estrellas. Tomás buscó información en un libro de la biblioteca. Nico escribió tarjetas con frases cortas para los visitantes.
Su idea era colgar las hojas como banderines de una cuerda, junto a la ventana del salón. Debajo pondrían dos dibujos: una mesa con una ofrenda y una familia compartiendo recuerdos. Así podrían mostrar que existen distintas maneras de recordar y que no todas las personas celebran de la misma forma.
Durante el recreo, el salón quedó vacío. Cuando los tres regresaron, encontraron las hojas por el piso. Una ráfaga había entrado por la ventana abierta. La cuerda se rompió junto a un nudo y dos papeles se rasgaron. Faltaban veinte minutos para que entraran los otros grupos.
—Se arruinó todo —dijo Lucía, recogiendo un papel azul.
—No todo —respondió Tomás—. Las tarjetas siguen enteras.
Nico puso los papeles sobre una mesa para que no volvieran a volar. Lucía intentó hacer un nudo más fuerte, pero la cuerda era demasiado corta porque se había roto.
—¿Y si dejamos de colgarlos? —preguntó Nico.
Tomás señaló una cartulina azul oscuro que había sobrado de otro trabajo.
—Podemos pegarlos aquí. Los huecos del papel picado van a dejar ver el azul.
Lucía probó con una hoja y se animó. Nico buscó pegamento y Tomás recortó dos cuadros nuevos para sustituir los rotos. Entre los tres armaron un mural que parecía una pared llena de ventanas de colores.
Al pegar las tarjetas, Nico leyó una en voz alta:
—«Todas las familias ponen ofrendas». Eso no está bien, ¿verdad?
—En mi casa no ponemos una —dijo Tomás—. Pero me gusta aprender cómo las preparan otras personas.
Nico cambió la frase por «Algunas familias preparan ofrendas». La maestra Sonia la leyó y asintió. Después ayudó a colocar el mural lejos de la ventana.
Cuando entraron los visitantes, Lucía explicó cómo habían recortado los dibujos. Tomás mostró las tarjetas. Nico señaló la cartulina que dejaba ver cada figura. Nadie preguntó por la cuerda rota: los tres habían terminado a tiempo.
Al final de la visita, una niña de otro grupo dijo que las flores parecían asomarse por pequeñas ventanas. Lucía sonrió. Esa mañana habían perdido unos banderines, pero habían encontrado una manera mejor de mostrar su trabajo.
Preguntas de comprensión y respuestas
- ¿Qué ocurrió con los banderines durante el recreo? Respuesta: Una ráfaga entró por la ventana abierta; la cuerda se rompió, las hojas cayeron y dos se rasgaron.
- ¿Cómo resolvieron Lucía, Tomás y Nico el problema? Respuesta: Pegaron el papel picado en una cartulina azul oscuro, hicieron dos piezas nuevas y colocaron allí las tarjetas.
- ¿Por qué cambiaron la frase «Todas las familias ponen ofrendas»? Respuesta: Porque no todas las familias celebran de la misma manera; escribieron «Algunas familias preparan ofrendas».
Actividad para aula o familia: un pequeño mural
En una hoja, dibuja dos cuadros de papel picado y una flor de papel. Escribe debajo dos frases que expliquen lo que se ve. Puedes usar «en algunas casas» o «en algunas celebraciones» para evitar decir que todos hacen lo mismo. No necesitas traer objetos ni compartir recuerdos personales.
Autor: Aureliano Vargas

