Cuentos cortos de animales para preescolar: seis relatos originales para leer juntos
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Estos seis cuentos están pensados para leerlos en voz alta a niños de preescolar. Cada historia tiene un comienzo, un pequeño problema y un final. No hace falta saber leer para participar: un adulto puede hacer las preguntas después de cada cuento. Son relatos originales, no versiones abreviadas de historias conocidas.
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Índice
1. Miga y la caja que sonaba
Miga, una gata pequeña de orejas grises, encontró una caja junto a la ventana. Cada vez que el viento movía la cortina, la caja hacía «ras, ras».
Miga se acercó despacito. Olió una esquina, miró por el agujero y retrocedió cuando volvió a escuchar el ruido. Desde la alfombra, su amigo Teo la observaba.
—Tal vez sea una caja que quiere jugar —dijo Teo.
Los dos esperaron hasta que la cortina se quedó quieta. Entonces Miga descubrió una tira de papel suelta que rozaba el cartón. No había ningún animal escondido.
Teo sujetó el papel y Miga entró en la caja. Dentro cabían sus cuatro patas y su cola, aunque la punta de una oreja asomaba por arriba.
Al rato, el viento volvió a mover la cortina. La caja sonó otra vez. Miga levantó la cabeza, reconoció el ruido y siguió descansando.
Preguntas orales: ¿Qué hacía sonar la caja? ¿Qué hizo Miga cuando entendió el ruido?
Respuestas: Una tira de papel rozaba el cartón; Miga se quedó tranquila y descansó.
2. Tom y el cuenco de agua
Tom era un gato anaranjado que bebía agua de un cuenco azul. Una mañana lo encontró vacío. Buscó debajo de la mesa, detrás de la silla y al lado de la maceta. El agua no estaba allí.
Su compañera Luna llegó con las patas mojadas. Tom pensó que ella había bebido todo, pero Luna lo llevó hasta la cocina. Allí había otro cuenco lleno, sobre una alfombra nueva.
—Dejaron agua aquí mientras limpiaban —parecía decir Luna.
Tom se acercó. Bebió tres sorbos y dejó sitio a su amiga. Después ambos miraron el cuenco azul vacío.
Al terminar de limpiar, la persona llenó el cuenco azul y lo dejó en su lugar. Desde entonces había agua en dos lugares.
Tom aprendió algo sencillo: cuando una cosa no está donde siempre, conviene mirar con calma antes de pensar que alguien se la llevó.
Preguntas orales: ¿De qué color era el cuenco antiguo? ¿Por qué estaba en otro lugar el agua?
Respuestas: Azul; pusieron otro cuenco mientras limpiaban.
3. Pío y la sombra redonda
Pío, un pollito amarillo, jugaba en el patio cuando vio una sombra grande y redonda. Se movía por el suelo, pero desaparecía cuando una nube tapaba el sol.
Pío intentó seguirla. Corrió a la izquierda, luego a la derecha y terminó frente a una cubeta. La sombra ya no estaba.
Su hermana Nena lo encontró mirando el suelo.
—¿Qué buscas?
—Una rueda oscura que no tiene ruedas.
Nena miró hacia arriba. Junto al corral había un árbol con una copa redonda. Cuando el sol volvió a salir, apareció la sombra bajo sus ramas.
Los dos pollitos se quedaron allí un momento. Podían ver cómo la sombra dibujaba las hojas sobre la tierra.
Al atardecer regresaron al corral. Pío contó que había encontrado una rueda de árbol, y Nena se rio tanto que casi se le cayó una pluma.
Preguntas orales: ¿De dónde venía la sombra? ¿Qué pasó cuando volvió a salir el sol?
Respuestas: Del árbol; la sombra reapareció en el suelo.
4. Nena guarda un sitio
Nena era una pollita de patas rápidas. A la hora de comer siempre llegaba primero al comedero. Un día encontró un montón de granos pequeños y comenzó a picotear sin mirar alrededor.
Su hermano Pío apareció después. Había ayudado a una gallina mayor a encontrar el camino de regreso al patio.
—¿Queda algo? —preguntó.
Nena miró el comedero. Quedaban pocos granos. Pensó un instante, hizo espacio a su lado y empujó con el pico algunos hacia Pío.
Los dos comieron despacio. Cuando terminaron, la gallina mayor llegó con más alimento. Nena no corrió a ponerse delante. Esperó a que todos encontraran su lugar.
Por la noche, Pío le dijo:
—Gracias por guardarme un sitio.
Nena respondió que al principio se había olvidado, pero que mañana lo recordaría antes.
Preguntas orales: ¿Quién llegó primero al comedero? ¿Cómo ayudó Nena a Pío?
Respuestas: Nena; compartió parte de los granos y le hizo espacio.
5. Tina y la piedra de la orilla
Tina, una tortuga de un estanque, tenía una piedra plana donde le gustaba descansar. Una mañana la encontró ocupada por tres libélulas que se calentaban al sol.
Tina esperó. Las libélulas no se movían. Pensó en empujarlas, pero la piedra era grande y el agua estaba tranquila. Decidió buscar otro lugar mientras tanto.
Nadó hasta una rama caída. Desde allí vio a un pez dar una vuelta entre las plantas y a una hoja bajar lentamente hasta el agua.
Cuando regresó, las libélulas ya habían volado. Tina subió a su piedra y descubrió que la nueva rama también tenía algo bueno: desde ella se veía casi todo el estanque.
Al día siguiente pasó un rato en los dos lugares. Nunca volvió a pensar que solo había un sitio agradable.
Preguntas orales: ¿Quién estaba en la piedra? ¿Qué otro lugar encontró Tina?
Respuestas: Tres libélulas; una rama caída junto al estanque.
6. Vera y el charco pequeño
Vera, una rana verde, vivía cerca de una laguna. Después de la lluvia apareció un charco pequeño entre dos piedras. Vera saltó dentro y salpicó tanto que su amigo, un escarabajo, tuvo que subirse a una hoja.
—¡Aquí cabe todo el cielo! —dijo Vera al ver las nubes reflejadas.
Más tarde, el sol calentó el patio y el charco comenzó a hacerse pequeño. Vera se sorprendió al encontrar menos agua donde antes había tanta.
El escarabajo la acompañó hasta la laguna. Desde la orilla, los dos miraron el cielo. Las mismas nubes aparecían reflejadas en el agua grande.
—El charco era hermoso, pero no iba a durar siempre —dijo Vera.
Volvió al día siguiente a las dos piedras. Ya no había agua, pero sí una flor pequeña. Vera se sentó al lado para mirarla.
Preguntas orales: ¿Qué vio Vera reflejado en el charco? ¿Por qué disminuyó el agua?
Respuestas: Las nubes del cielo; por el calor y la evaporación.
Cómo leerlos juntos
Lee una historia por vez, a un ritmo cómodo. Después deja que el niño cuente qué ocurrió con sus propias palabras. No es necesario que repita las frases exactamente. Si una pregunta cuesta, vuelve al párrafo donde está la respuesta. Los seis cuentos son independientes y pueden leerse en distinto orden.
Los seis cuentos y las preguntas son creación original de Aureliano Vargas.
