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Dos cuentos para concurso de cuentacuentos de secundaria

Dos cuentos para concurso de cuentacuentos de secundaria

Para un concurso de cuentacuentos de secundaria conviene elegir una historia que se sostenga por sí misma: una situación clara, un cambio que el público pueda seguir y un final que no necesite explicación. Estos dos cuentos originales completos se pueden narrar en voz alta. Las indicaciones de pausa son opcionales, no se pronuncian y no suponen tiempos comprobados.

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Escenario vacío con micrófono de pie; sobre una mesa, llave con cordón rojo en una caja y libro antiguo cerrado.
Ilustración ficticia de objetos simbólicos de dos cuentos para narrar: una llave de museo y un diccionario antiguo; no documenta un certamen real.

Cuento 1. «La puerta del museo»

El museo municipal tenía una sala pequeña donde guardaban objetos que nadie había podido identificar. Había un reloj sin agujas, una taza con tres asas y una caja que sonaba al agitarla. Clara trabajaba allí los fines de semana, ayudando a ordenar las fichas.

Una tarde descubrió una llave diminuta dentro de una caja de cartón. No había etiqueta. La llave tenía un borde gastado y un cordel rojo amarrado al aro.

—Si no sabemos de dónde salió, se queda en objetos sin identificar —dijo la encargada.

Clara escribió una ficha y dejó la llave sobre el escritorio. Esa noche pensó que debía pertenecer a algo importante. Quizá a un cofre, a una vitrina secreta o a la puerta de una habitación olvidada. Al día siguiente recorrió el edificio con los ojos puestos en todas las cerraduras.

Probó primero con un cajón vacío, después con un armario de herramientas y finalmente con una puerta de madera que llevaba años sin usarse. La llave no encajó en ninguna. La encargada le recordó que no debía probar objetos de la colección en cerraduras desconocidas sin autorización. Clara se disculpó y regresó a las fichas.

El domingo llegó al museo un hombre mayor con una fotografía. Buscaba un objeto que había donado su hermana muchos años atrás: una caja musical que guardaba los boletos de viaje de la familia.

—La caja no era valiosa —explicó—. Pero ella la abría cada vez que recordaba a nuestro padre. No quiero llevármela. Solo quisiera saber si sigue aquí.

Clara reconoció el cordel rojo de la fotografía. Miró la ficha nueva y buscó en el inventario antiguo. En una página apareció una nota: «llave de caja musical, donación familiar».

La encargada localizó la caja en el depósito. Estaba bien conservada, aunque ya no tocaba música. El hombre la miró largo rato sin abrirla.

—No sabía si alguien recordaría para qué servía —dijo.

Clara explicó cómo había aparecido la llave. Se sintió algo avergonzada por todas las historias extraordinarias que había inventado durante la noche.

—Creí que abriría una puerta secreta.

—En cierto modo la abrió —respondió el visitante—. No a una habitación. A un recuerdo.

Cuando el hombre se fue, Clara corrigió la ficha. Ahora la llave tenía una procedencia, una función y un nombre que podía buscarse. La dejó en el lugar correspondiente y apagó la luz de la sala.

En el pasillo seguía la puerta de madera sin usar. Clara pasó por delante sin intentar abrirla. Ya sabía que no todas las cosas importantes estaban escondidas detrás de una cerradura.

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Claves de narración: pausa breve tras «No a una habitación. A un recuerdo»; diferencia con la voz la imaginación de Clara y la información que aportan los documentos. No se necesita utilería real.

Cuento 2. «La última palabra del diccionario»

En la biblioteca del instituto había un diccionario enorme al que le faltaban algunas páginas. Nadie lo consultaba porque existían libros más nuevos y pantallas con búsquedas rápidas. Inés lo eligió para un proyecto sobre palabras antiguas. Quería descubrir por qué ciertas expresiones dejaban de usarse.

Al abrirlo encontró una nota escrita a mano en el margen: «No borres esta palabra». Estaba junto a un término que ella no conocía. En la página siguiente, otra mano había escrito un ejemplo sobre una plaza que ya no existía.

Inés preguntó a la bibliotecaria si podía fotografiar las anotaciones. La mujer aceptó, siempre que no dañara las hojas. Después le contó que el diccionario había pertenecido a una antigua profesora del centro.

Inés comenzó a buscar esas palabras en textos del barrio. Algunas estaban en avisos viejos; otras aparecían en cartas de familias que habían vivido allí antes de que se construyera la estación del tren. El proyecto dejó de ser una lista de definiciones: se convirtió en un mapa de recuerdos.

Un jueves, un compañero dijo que todo aquello era inútil.

—Si ya nadie habla así, ¿para qué quieres aprenderlo?

Inés no supo responder enseguida. Esa tarde siguió buscando y encontró en un cuaderno de recetas una palabra que su abuela decía cuando preparaba pan. Era una expresión sencilla, sin ningún misterio, pero recordarla la hizo sonreír.

Al día siguiente volvió al aula y enseñó dos páginas: una con las palabras antiguas y otra con frases donde todavía podían entenderse.

—No quiero obligar a nadie a hablar como antes —dijo—. Solo quiero que, cuando alguien encuentre una de estas palabras, no piense que nunca tuvo sentido.

El compañero leyó una de las frases. Recordó que su abuelo usaba una expresión parecida al describir herramientas. Se ofreció a preguntarle qué significaba exactamente.

Cuando llegó la feria de proyectos, Inés no expuso el diccionario abierto sin protección. Preparó copias de las anotaciones con permiso de la biblioteca y dejó un espacio para que los visitantes añadieran recuerdos de palabras familiares.

Una mujer escribió una palabra que Inés no conocía. Debajo puso: «Mi madre la decía cuando quería que nos acercáramos a la mesa».

Inés miró el papel y comprendió que su diccionario no estaba terminado. La última palabra no era la última del libro: era la que alguien todavía estaba dispuesto a compartir.

Claves de narración: comienza con curiosidad, no con suspense exagerado; deja una pausa antes de la última frase. Los ejemplos de palabras quedan abiertos para que no se inventen voces regionales como si fueran testimonios reales.

Cómo elegir y preparar la narración

El primer cuento tiene un misterio cotidiano y un descubrimiento. El segundo funciona mejor con un tono reflexivo. Lee ambos completos y elige el que puedas contar con naturalidad; no copies gestos de otro narrador si no te resultan cómodos. Puedes llevar un esquema de tres momentos: situación, cambio y desenlace.

Rúbrica de práctica, no de un concurso real

Criterio Qué observar
Comprensión Se entiende qué pasa y por qué
Ritmo Las pausas ayudan sin cortar todas las frases
Voz Se oye o se percibe el relato de manera accesible
Respeto del texto No cambia las causas ni el final
Accesibilidad Permite apoyo escrito o visual según las necesidades

No hay un tiempo oficial universal: revisa las bases del certamen concreto y ensaya con el reloj si establece límites. Para narradores con necesidades auditivas o de habla pueden usarse subtítulos, texto visible o apoyos pertinentes si las reglas lo permiten.

Preguntas con soluciones

  1. ¿Qué descubre Clara sobre la llave? Que pertenece a una caja musical donada al museo.
  2. ¿Por qué deja de probar cerraduras? Porque reconoce que debe seguir el inventario y respetar las normas del museo.
  3. ¿Qué aprende Inés de las palabras antiguas? Que conservan historias y relaciones que pueden explicarse sin imponer su uso.
  4. ¿Son relatos de personas reales? No. Son cuentos originales de ficción.

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