Robin Hood para niños: historia completa y origen de la leyenda
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Robin Hood para niños: una aventura completa y el origen de su leyenda
Robin Hood es uno de los personajes más conocidos de las leyendas inglesas. Se lo imagina como un gran arquero que vive en el bosque con sus compañeros y se enfrenta al alguacil de Nottingham. Pero no existe una única historia original que cuente toda su vida. Sus aventuras aparecen en baladas, obras de teatro y narraciones escritas a lo largo de muchos siglos.

La siguiente es una adaptación original completa de una aventura concreta: la balada antigua Robin Hood y el alfarero (Robin Hood and the Potter), conservada en un manuscrito de alrededor de 1500. Se han modernizado el lenguaje y las conversaciones para facilitar la lectura, pero se conserva la secuencia fundamental del episodio. Recomendada aproximadamente desde los 10 años.
El alfarero y el arquero del bosque
En los senderos del bosque era habitual encontrar carros cargados de leña, tejidos o vasijas. Una mañana Robin Hood observó a un alfarero que avanzaba tranquilamente con su mercancía.
—Ese hombre pasa por nuestro camino desde hace tiempo y nunca deja una moneda —comentó Robin.
Little John, su compañero más alto y uno de los que mejor conocían el bosque, negó con la cabeza.
—Yo ya discutí con él. No te confíes. Si intentas obligarlo a pagar, perderás.
Robin aceptó una apuesta de cuarenta chelines. Estaba seguro de que lograría detener al viajero y obtener una prenda como pago. Los demás dejaron el dinero en manos de un compañero para comprobar al final quién tenía razón.
Cuando el carro llegó a su altura, Robin salió al camino y sujetó al caballo.
—Tendrás que pagar por pasar —dijo.
El alfarero lo miró sin perder la calma.
—Mi trabajo es llevar estas vasijas al mercado. No voy a entregarte dinero ni mis pertenencias. Suelta al animal.
Robin insistió. El alfarero bajó del carro con un bastón de madera. Robin tenía una espada y un pequeño escudo, pero su rival se movió con tanta rapidez que le apartó el escudo y lo derribó.
Little John se acercó. No podía disimular su satisfacción: había ganado la apuesta. Robin se levantó, reconoció que el alfarero tenía razón al defender su camino y le prometió que podría pasar libremente en adelante.
Entonces tuvo una idea.
—¿Y si cambiamos de ropa? Yo llevaré tus vasijas a Nottingham y trataré de venderlas.
El alfarero aceptó, aunque pidió que Robin cuidara de su mercancía. Mientras el verdadero artesano esperaba en el bosque, Robin se puso su ropa y condujo el carro hasta la ciudad.
El vendedor más extraño de Nottingham
En Nottingham, Robin colocó las vasijas cerca de la casa del alguacil, la autoridad que deseaba capturarlo. Para venderlas rápidamente ofreció precios tan bajos que la gente hizo fila.
—¡Aquí hay buenos recipientes! —anunció, intentando parecer un vendedor acostumbrado a las plazas.
Algunos clientes se preguntaban cómo podía cobrar tan poco. Robin sonreía y seguía vendiendo. Cuando solo quedaron cinco vasijas, las ofreció como regalo a la esposa del alguacil. A ella le agradó el gesto y lo invitó a comer.
Robin aceptó. Así pudo sentarse a la mesa de una familia que lo habría reconocido enseguida si no llevara aquel disfraz.
Durante la comida se habló de una competición de tiro con arco. Robin pidió permiso para asistir. Allí, entre los participantes, tomó un arco prestado. Primero disparó muy cerca del objetivo y después realizó un tiro extraordinariamente preciso. El alguacil quedó sorprendido.
—¿Dónde aprendiste a disparar de esa manera? —preguntó.
Robin, sin revelar quién era, explicó que había conseguido un buen arco de Robin Hood. El alguacil dijo que daría cualquier cosa por encontrarse con aquel famoso arquero.
—Tal vez pueda ayudarte —contestó el supuesto alfarero—. Si me acompañas mañana al bosque, quizá lo veas.
El alguacil aceptó la propuesta. Creyó que el vendedor sería una guía inocente.
La sorpresa en el bosque
A la mañana siguiente, el alguacil salió montado a caballo. Robin condujo el carro por el sendero que conocía mejor que nadie.
Cuando estuvieron entre los árboles, Robin hizo sonar un cuerno. El sonido viajó por el bosque y enseguida aparecieron Little John y los demás compañeros.
El alguacil comprendió el engaño. El vendedor de vasijas al que había invitado a comer era precisamente el hombre que buscaba.
Robin le quitó su equipo y su caballo como parte de la aventura, pero recordó la amabilidad de su esposa. Por ella decidió dejarle un caballo blanco para que regresara y se lo entregara como obsequio.
Cuando el alguacil llegó a casa, su mujer quiso saber cómo había terminado la búsqueda.
—He encontrado a Robin Hood —respondió él—, pero no del modo que esperaba.
La mujer, al recibir el caballo, entendió que aquel vendedor que había conocido tenía mucho más que contar.
El pago justo
Robin volvió junto al verdadero alfarero. No había olvidado que sus vasijas eran fruto de muchas horas de trabajo. Preguntó cuánto habrían costado y le entregó diez libras, una cantidad mayor que el precio esperado de la mercancía en la balada.
El alfarero regresó satisfecho. No tuvo que unirse a la banda de Robin para ser respetado. Desde ese momento supo que podía cruzar el bosque sin que Robin lo detuviera. Little John, por su parte, había ganado la apuesta inicial.
Y Robin había aprendido algo que no podía enseñarle un arco: incluso un buen luchador puede equivocarse al juzgar a quien tiene delante.
¿Robin Hood existió realmente?
Las baladas antiguas muestran que la figura de Robin Hood circulaba en Inglaterra hace muchos siglos. Eso no demuestra que todas sus aventuras las viviera una persona histórica identificada. En distintos relatos cambian personajes, detalles y épocas. El alguacil de Nottingham es parte fundamental de muchas versiones; otros elementos populares, como el reparto sistemático de dinero entre los pobres, se desarrollaron de maneras diversas.
El bosque de Sherwood está ligado a la tradición de Robin Hood, pero el relato antiguo elegido para esta adaptación no necesita describir un camino histórico exacto dentro de ese bosque. Es preferible decir que la aventura pertenece a la tradición inglesa antes que presentar el lugar y los personajes como un suceso probado.
Qué hemos adaptado y qué no
La narración conserva los hechos centrales de Robin Hood y el alfarero: la apuesta con Little John, la derrota de Robin, el cambio de ropa, la venta de vasijas, el encuentro con la esposa del alguacil, la competición de tiro, la trampa del bosque y el pago final al artesano. Los diálogos y las frases descriptivas son nuevos. No se ha traducido íntegramente la balada medieval ni se ha afirmado que esta aventura cuente toda la vida de Robin Hood.
Preguntas para leer con atención
- ¿Por qué Little John pensaba que Robin perdería la apuesta?
- ¿Qué demuestra la derrota inicial de Robin?
- ¿Cómo consigue Robin entrar en la casa del alguacil?
- ¿Qué lo delata ante el lector durante la competición de tiro?
- ¿Por qué recibe el alguacil un caballo para regresar?
- ¿Qué recibe el alfarero al final y por qué?
- ¿Qué diferencia existe entre una balada antigua y una crónica histórica?
Respuestas
- Porque ya conocía la fuerza y determinación del alfarero.
- Que Robin no es invencible y puede juzgar mal a alguien.
- Entra disfrazado de alfarero después de regalar vasijas a la esposa del alguacil.
- Su habilidad extraordinaria con el arco, asociada con Robin Hood.
- Por la consideración de Robin hacia la esposa que lo trató bien.
- Diez libras como pago por sus vasijas.
- La balada es un relato tradicional; la crónica pretende registrar acontecimientos. La primera no verifica por sí sola los hechos que narra.
Fuente de la historia
Adaptación y actividades originales: Aureliano Vargas. Relato derivado de una balada tradicional inglesa; personajes y tradición no son creación del adaptador.
