Cuentos Muy Cortos para Niños

Cuentos para leer con tu bebé: cuatro momentos cotidianos

Cuatro cuentos breves para compartir con tu bebé en distintos momentos del día. Los gestos son opcionales: también puedes contar la historia sin hacerlos y parar cuando prefiera otra cosa.

1. Los cinco deditos que salen de paseo

En el pie derecho vivían cinco deditos que querían salir a explorar el mundo.

El dedo gordo, que era el capitán, asomó la cabecita por debajo de la manta: «¡Por aquí no hace frío!». El segundo dedo lo siguió de cerca; el tercero dio un saltito; el cuarto ayudó al más pequeño, que siempre se quedaba rezagado detrás del calcetín.

Los cinco caminaron despacito por la pierna: paso, pasito, paso. Subieron por la rodilla redonda, hicieron un alto en la barriguita y llegaron hasta la barbilla para saludar con un beso al aire.

(Sugerencia de gesto: camina con dos dedos sobre la pierna del bebé a ritmo constante y termina con un saludo de la mano.)

2. El caracol que busca su hojita verde

Por la manga del pijama sube un caracol muy menudo. No tiene prisa ninguna porque su casita redonda viaja siempre sobre su espalda.

Avanza despacio: una caricia por la muñeca, una pausa en el codo para descansar y una vueltecita en círculo sobre el hombro tibio. El caracol busca una hoja de lechuga fresca para cenar, pero lo que encuentra es una mejilla sonrosada donde da un besito de brisa.

Al llegar la noche, el caracol guarda los cuernos, se mete dentro de su concha y se duerme debajo de una hoja grande.

(Sugerencia de gesto: desliza la palma abierta con un movimiento continuo y circular sobre el brazo del bebé, si le resulta agradable; también puedes hacer el movimiento sobre tu propio brazo.)

3. El pañuelo verde y el viento

Un pañuelo verde descansaba doblado en el respaldo de una silla. Era pequeño y tenía una esquina que siempre quería levantarse.

Una mañana llegó el viento por la ventana: fuuu, fuuu. La esquina del pañuelo se movió despacito.

—¿Quieres bailar? —preguntó el viento.

Una mano levantó el pañuelo y lo movió de un lado a otro. Primero parecía una hoja. Después, una ola pequeña. Al subir hacía fuuu; al bajar se quedaba quieto.

El viento siguió su camino. La mano dobló de nuevo el pañuelo y lo guardó en un bolsillo. Allí, calentito, esperó otro día de baile.

(Gesto opcional: puedes mover tu mano despacio como si fuera el pañuelo, o simplemente acompañar las palabras «fuuu, fuuu» con la voz.)

4. El reloj de pared que dice buenas noches

En la pared de la sala, el reloj redondo de madera marca el compás de la casa con un sonido tranquilo: tic, tac, tic, tac.

Le dice buenas noches a la lámpara de la mesa, que apaga su foco amarillo. Le dice buenas noches a los zapatos ordenados junto a la puerta. Le dice buenas noches a las cortinas que se cierran para guardar la penumbra.

Y cuando el bebé se acurruca en el pecho de quien lo mece, el reloj baja el volumen de su péndulo y sigue marcando los segundos con un ritmo acompasado que acompaña el descanso de la casa entera.

(Sugerencia de gesto: balancéate suavemente manteniendo el ritmo de las palabras «tic, tac» con la respiración pausada.)

Encuentra más lecturas en nuestra selección de cuentos muy cortos para niños.

Aureliano Vargas

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