Fábulas de Esopo

La zorra y las uvas: fábula y preguntas de comprensión

La zorra y las uvas: fábula y preguntas de comprensión

La zorra y las uvas: fábula y preguntas de comprensión

Adaptación propia de la fábula tradicional atribuida a Esopo, cotejada con la versión de Félix María de Samaniego.

Una zorra mira un racimo de uvas maduras que cuelga fuera de su alcance.
Escena ilustrada de la fábula: la zorra no llega a probar las uvas.

La zorra y las uvas

Una zorra avanzaba por un camino al mediodía. Llevaba un buen rato buscando algo que comer y el hambre la hacía detenerse ante cada ruido entre las hojas.

Al pasar junto a una parra, levantó el hocico. Por encima de ella colgaba un racimo de uvas. Estaba tan cerca de sus ojos que pudo distinguir sus frutos redondos; sin embargo, quedaba demasiado alto para alcanzarlo desde el suelo.

La zorra se relamió. Imaginó el jugo fresco de las uvas y dio un salto. Sus patas volvieron a tocar tierra sin haber rozado el racimo.

Miró otra vez. Quizá había saltado desde el lugar equivocado. Se colocó justo debajo, dobló las patas y se impulsó con más fuerza. Tampoco llegó.

Retrocedió unos pasos. Esta vez tomaría carrera. Corrió hacia la parra y saltó cuando creyó que estaba en el punto adecuado. Por un instante le pareció que iba a conseguirlo, pero cayó de nuevo con la boca vacía.

El racimo seguía en su sitio. La zorra respiró hondo y buscó una posición distinta. Probó por un lado y luego por el otro. Cada intento terminaba igual: ella abajo, las uvas arriba.

Después de tantos saltos, se sentó. Tenía las patas cansadas y seguía con hambre. Miró los frutos que tanto había deseado. No había comido ninguno; ni siquiera había podido acercar uno a su boca.

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Entonces levantó la cabeza y anunció, como si acabara de descubrir algo evidente:

—Seguro que están verdes. No vale la pena seguir intentando cogerlas.

Se dio la vuelta y se alejó por el camino. La parra quedó atrás con su racimo intacto. Las uvas no habían cambiado durante aquellos minutos. Lo que había cambiado era la manera en que la zorra hablaba de ellas.

¿Qué nos invita a pensar?

La zorra tenía una razón para dejar de saltar: estaba cansada y no alcanzaba el racimo. Pero eso no le permitía saber qué sabor tenían las uvas. Una dificultad propia no demuestra que lo deseado carezca de valor.

Descansar, pedir ayuda o elegir otra meta puede ser razonable. La fábula nos permite distinguir esas decisiones de una excusa que desprecia algo solo porque no lo conseguimos.

Actividad resuelta: cambia la explicación

Elige cuál de estas frases describe mejor lo que la zorra sabe: A) «Las uvas tienen mal sabor»; B) «No he podido alcanzarlas»; C) «Nadie podrá cogerlas jamás».

Solución: B. Ha intentado alcanzarlas y no lo ha conseguido. A exigiría probarlas; C afirma algo sobre todas las personas y animales sin tener pruebas.

Ahora sustituye su frase final por una explicación sincera. Una respuesta posible es: «Me apetecían esas uvas, pero no llego hasta ellas y estoy cansada. Buscaré otra cosa para comer». Esta frase reconoce el límite sin inventar un defecto del racimo.

Cinco preguntas con respuestas

  1. ¿Qué quería conseguir la zorra? El racimo de uvas que colgaba de la parra.
  2. ¿Por qué no pudo cogerlo? Estaba demasiado alto para los saltos que logró dar.
  3. ¿Llegó a probar alguna uva? No; se marchó sin comer ninguna.
  4. ¿Qué dijo al rendirse? Que seguramente estaban verdes y no valía la pena seguir.
  5. ¿Qué diferencia hay entre no alcanzar las uvas y conocer su sabor? Lo primero le ocurrió; lo segundo no podía saberlo porque no las había probado.

La próxima vez que algo no salga, prueba a nombrar el problema con precisión: «todavía no lo consigo». Esa frase deja espacio para decidir qué hacer después.

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