Cicerón: el romano que estudió el poder de las palabras
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Marco Tulio Cicerón fue un abogado, orador, político y escritor romano. Vivió entre 106 y 43 a. C., durante los últimos tiempos de la República romana. Su trabajo permite estudiar tanto la vida política como el uso de las palabras para explicar y convencer.
Índice
Hablar ante otras personas
Un orador es alguien que pronuncia discursos. Cicerón destacó en los tribunales y en los debates políticos. Para intervenir necesitaba organizar ideas, responder a sus adversarios y adaptar sus palabras al público.
Hablar con habilidad puede ayudar a comprender una propuesta, pero no garantiza que esa propuesta sea justa o verdadera. Por eso, al estudiar a un gran orador, conviene atender a lo que dice y también a los motivos y pruebas que ofrece.
Una carrera con decisiones discutidas
Fue cónsul en 63 a. C. Actuó contra la conspiración de Catilina y ordenó ejecutar a ciudadanos sin juicio. Esa decisión dañó su trayectoria.
Defendió la República, se enfrentó a Marco Antonio y fue asesinado en 43 a. C. Su importancia como escritor no justifica todas sus decisiones.
Un escritor que hacía discutir las ideas
Escribió discursos, cartas y filosofía en latín. Acercó ideas griegas al público romano y examinó cuestiones como los deberes y la vida política.
Sus diálogos presentan posiciones distintas que el lector puede comparar. Exponer una idea y examinar sus dificultades formaban parte de esa discusión filosófica.
Sus obras incluyen Sobre la república, Sobre las leyes y Sobre el orador: política, filosofía y comunicación eran intereses relacionados.
Actividad resuelta: una propuesta para la clase
Este ejemplo es inventado; no es un discurso de Cicerón. Una clase organiza el préstamo de sus libros y escucha dos propuestas:
A: «Mi plan es perfecto porque lo digo yo».
B: «Propongo anotar los préstamos en una lista. Esta semana tres libros quedaron sin registrar y tuvimos que preguntar quién los tenía. Con la lista podremos consultar esa información».
Identifica la propuesta de B, el dato que utiliza y la relación entre ambos. Después explica cuál de las intervenciones ofrece algo que podamos revisar.
Solución: la propuesta es anotar los préstamos. El dato del ejemplo es que tres libros quedaron sin registrar. La relación es que una lista permitiría consultar quién tiene cada libro. B ofrece un razonamiento que puede examinarse. A solo exige aceptación.
Eso no vuelve perfecto el plan B. Todavía podríamos preguntar quién completará la lista y cómo se corregirá un error. Examinar una propuesta incluye escucharla, revisar sus apoyos y plantear dudas concretas sin atacar a la persona.
Podemos mejorar la propuesta con una frase concreta: «Cada persona anotará el título y su nombre al retirar un libro; al devolverlo, marcará la devolución». Así pasamos de una idea general a una acción que los compañeros entienden. Esta frase sigue siendo parte del ejemplo inventado.
Finalmente, cambia el dato del caso: imagina que ya existe una lista, pero nadie la completa. En esa situación, proponer otra lista no responde al problema. Habría que explicar cómo usar la que ya hay. Revisar los datos puede obligarnos a cambiar la propuesta inicial.
Cinco preguntas con respuestas
- ¿En qué sociedad vivió Cicerón? En la romana.
- ¿Qué cargo ocupó en 63 a. C.? El de cónsul.
- ¿En qué lengua escribió? En latín.
- ¿Para qué servían las posiciones enfrentadas en sus diálogos? Para examinar ideas y comparar razones.
- ¿Hablar con habilidad garantiza tener razón? No; hay que revisar lo que se afirma y sus apoyos.
Conocer a Cicerón permite acercarnos a una figura de la historia y practicar una tarea actual: explicar nuestras ideas de modo que otras personas puedan entenderlas y examinarlas.
Fuentes: Stanford Encyclopedia of Philosophy, Cicero y Ancient Political Philosophy, apartado 6.1.
