El cuervo y la jarra: fábula completa con preguntas y respuestas
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El cuervo y la jarra: fábula completa con preguntas y respuestas
Adaptación propia de una fábula atribuida a Esopo, a partir de Esopo: The Crow and the Pitcher, versión inglesa de Townsend. El relato siguiente está redactado de nuevo en español.

El cuervo y la jarra
El cuervo llevaba un buen rato buscando agua. Había mirado junto al camino y entre las hierbas, pero solo encontraba tierra seca. Entonces vio una jarra al lado de una cerca.
Se acercó, apoyó las patas en el borde y miró dentro. En el fondo brillaba un poco de agua.
—¡Por fin! —dijo.
Alargó el cuello y bajó el pico todo lo que pudo. No llegó. Lo intentó desde otro lado y volvió a quedarse lejos. El cuello de la jarra era estrecho y el agua estaba demasiado abajo.
El cuervo empujó el recipiente con cuidado para inclinarlo. La jarra apenas se movió. Era demasiado pesada para él.
Se apartó unos pasos. Podía seguir estirándose, pero ya había comprobado que su pico no alcanzaba. Necesitaba cambiar algo.
Junto a la cerca había pequeñas piedras. El cuervo recogió una y la dejó caer dentro de la jarra. Oyó un golpe suave y se asomó. Después añadió otra piedra, y otra más.
El agua había subido un poco.
—No puedo hacer mi pico más largo —pensó—, pero quizá pueda acercar el agua.
Eligió piedras que pasaran por la abertura y las llevó una a una. No las arrojaba sin mirar: cada cierto tiempo comprobaba el nivel del agua.
Tras varios viajes, el agua quedó lo bastante alta. El cuervo apoyó de nuevo las patas en el borde, inclinó la cabeza y bebió.
Ya no tenía que estirarse inútilmente. Había resuelto el problema observando lo que ocurría y probando una idea distinta.
Cuando recuperó las fuerzas, abrió las alas y siguió su camino. La jarra quedó junto a la cerca, con sus piedras en el fondo.
Qué podemos aprender del relato
El cuervo no resuelve el problema repitiendo siempre el mismo movimiento. Reconoce qué le impide beber, prueba otra acción y observa el resultado. Una enseñanza posible es que pensar y comprobar pueden ayudar cuando el primer intento no funciona.
Es una fábula: utiliza un animal y una situación para proponer una enseñanza. Por sí sola no demuestra cómo actúan todos los cuervos reales.
Actividad resuelta: ordena la solución
Ordena estas acciones: A) el cuervo bebe; B) descubre agua que no alcanza; C) coloca piedras pequeñas; D) comprueba que el agua sube.
Solución: B, C, D, A. Primero identifica el problema; después prueba una acción; observa el cambio y, al final, consigue beber.
Ahora responde: ¿por qué no basta decir «tuvo paciencia»? Respuesta posible: porque también cambió de estrategia y comprobó su efecto. Esperar al lado de la jarra, sin hacer nada más, no es la acción que resuelve este relato.
Por último, elige un título alternativo que conserve el argumento. Una opción es Las piedras que acercaron el agua. «El cuervo rompe la jarra» no serviría: eso no sucede en esta versión.
Edición de referencia: traducción inglesa de George Fyler Townsend, fallecido en 1900, identificada en Project Gutenberg: ficha de Esopo y Townsend. Esta adaptación no reproduce una traducción española contemporánea.
Cinco preguntas con respuestas
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¿Qué encuentra el cuervo junto a la cerca?
Respuesta: Una jarra con un poco de agua en el fondo.
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¿Por qué no puede beber al principio?
Respuesta: Porque el agua está demasiado abajo y su pico no llega.
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¿Qué hace con las piedras?
Respuesta: Las introduce una a una en la jarra.
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¿Qué comprueba mientras añade piedras?
Respuesta: Que el nivel del agua va subiendo.
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¿Cómo termina la fábula?
Respuesta: El cuervo logra beber, recupera las fuerzas y sigue su camino.
