Por Aureliano Vargas
La empatía es la capacidad de intentar comprender cómo puede sentirse otra persona y qué necesita en una situación. En la escuela se practica al escuchar, preguntar con respeto y tener en cuenta que alguien puede vivir las cosas de manera diferente. No significa adivinar pensamientos ni sentir exactamente lo mismo que el otro.
Índice
Entender no siempre es estar de acuerdo
Imagina que dos compañeros quieren elegir juegos distintos en el recreo. A uno le encanta correr; el otro prefiere una actividad tranquila porque está cansado. Ambos pueden reconocer lo que el otro desea sin tener que cambiar de opinión. La empatía sería escuchar la razón, no burlarse y buscar una forma justa de organizarse.
También es posible comprender que alguien está molesto sin aceptar una acción que lastima. Si una niña empuja porque perdió un turno, podemos reconocer que se sintió frustrada y, a la vez, decir que empujar no está bien. La empatía no elimina las reglas de convivencia.
Situación 1: un compañero llega nuevo
Samuel entra por primera vez a una clase. En el recreo mira a los grupos desde un banco y no inicia conversación. Una compañera piensa: «Quizá está nervioso», pero no puede asegurarlo. En vez de decir «Sé que estás triste», se acerca y pregunta: «¿Quieres que te mostremos dónde jugamos?».
Samuel responde que primero prefiere conocer la biblioteca. La compañera respeta esa respuesta y le muestra el camino. Este ejemplo enseña dos pasos: formular una posibilidad sin convertirla en certeza y preguntar antes de actuar. Ayudar no exige decidir por los demás.
Situación 2: una tarea que salió mal
Marina trabajó mucho en un cartel, pero se mojó y las letras quedaron borrosas. Su amigo Leo dice: «Eso me daría rabia; ¿quieres que busquemos otra hoja?». Marina explica que prefiere sentarse un momento. Leo acepta y le recuerda que puede pedir ayuda después.
Una respuesta menos útil sería «No es para tanto», porque quita importancia a lo que Marina siente. Otra respuesta poco respetuosa sería insistir en ayudar cuando ella ya dijo que necesita tiempo. Escuchar también implica aceptar un «ahora no».
Situación 3: desacuerdo en un trabajo en equipo
Dos estudiantes discuten por la portada de un proyecto. Nadia prefiere letras grandes y Omar quiere dejar más espacio para un dibujo. Una tercera compañera repite lo que ha entendido de cada idea: «Nadia quiere que se lea de lejos; Omar quiere que se vea la escena». Después propone probar las dos opciones en papel antes de decidir.
No prometió que todos terminarían contentos, pero mostró que comprender puntos de vista distintos puede mejorar una decisión compartida. La empatía se combina con otras habilidades: dialogar, poner límites y negociar.
Frases útiles para practicar
- «¿Quieres contarme qué pasó?» permite escuchar sin obligar a hablar.
- «¿Prefieres ayuda o un momento a solas?» ofrece opciones.
- «Entiendo que te molestó, pero no podemos insultarnos» combina comprensión y límite.
- «Pensé que querías jugar, pero puedo haberme equivocado» reconoce que no conocemos la mente de otra persona.
Estas frases son modelos, no fórmulas que deban usarse siempre. A veces basta con guardar silencio, hacer espacio o acudir a un adulto si alguien necesita apoyo.
Actividades con soluciones orientadas
1. Elige la respuesta más empática
Alguien perdió su cuaderno. Elige: A) «Qué descuidado eres»; B) «¿Quieres que te ayude a buscarlo?»; C) «Deja de preocuparte, es una tontería».
Respuesta: B. Ofrece ayuda sin juzgar y permite que la persona acepte o no.
2. Distingue comprensión de acuerdo
Un compañero dice que está enojado y quiere romper un material del aula. ¿Puedes entender su enojo sin aprobar que rompa algo?
Respuesta: sí. Se puede decir «Entiendo que estés enojado; vamos a buscar otra forma de resolverlo» y pedir apoyo a un adulto si hace falta.
3. ¿Qué sabemos realmente?
Vemos a alguien sentado solo. Decide cuál frase describe un hecho y cuál es una suposición: «Está sentado sin compañía»; «Seguro que nadie quiere jugar con él».
Respuesta: la primera describe algo observable; la segunda supone un motivo que no conocemos. Para saber si desea compañía, podemos preguntar con respeto.
Una práctica final consiste en recordar un desacuerdo reciente y escribir dos frases: «Yo quería…» y «La otra persona quizá quería…». Después añade una pregunta que podrías hacer para comprobarlo. Ser empático empieza por reconocer que nuestro punto de vista no es el único.

