Fábulas de Esopo • Recursos Educativos para la Escuela y el Hogar

El viento y el sol: fábula adaptada con preguntas y respuestas

Fábula tradicional atribuida a Esopo. Adaptación narrativa y actividades: Aureliano Vargas.

Esta versión escolar está escrita con palabras propias a partir del argumento tradicional; no es una transcripción de una traducción.

El viento y el sol

Una mañana, por encima de los campos, el viento del norte corría entre las nubes y hacía doblarse las ramas de los árboles. Se sentía orgulloso de su fuerza. Cuando encontraba una veleta, la hacía girar; cuando pasaba sobre un camino polvoriento, levantaba remolinos.

El sol, que alumbraba el valle, lo observó avanzar con tanto ruido que parecía querer anunciar su llegada a todo el mundo.

—Nadie mueve las cosas tan rápido como yo —presumió el viento—. Si lo deseo, puedo arrancar hojas de los árboles y empujar las nubes hasta el horizonte.

—Tienes fuerza, sin duda —respondió el sol—. Pero mover algo no siempre significa conseguir lo que deseas.

Al viento no le gustó aquella observación. Quiso discutir, pero en ese instante vio a un viajero que avanzaba por un sendero. El hombre llevaba una capa gruesa bien ajustada a los hombros; le protegía del aire fresco de la mañana. Caminaba con paso regular, sin sospechar que lo estaban observando desde lo alto.

—Hagamos una prueba —propuso el viento—. Ganará quien consiga que ese viajero se quite la capa.

El sol aceptó la condición, y el viento pidió ser el primero.

Comenzó soplando sobre la espalda del hombre. La tela se agitó y los extremos de la capa golpearon sus piernas. El viajero se detuvo, tiró del cuello de la prenda y la cerró mejor. El viento aumentó su velocidad. Empujó desde un lado, cambió de dirección y lanzó una ráfaga que hizo silbar los árboles. Cuanto más aire sentía el viajero, más fuerte sujetaba la capa contra su pecho.

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El viento creyó que necesitaba una última ráfaga, todavía más intensa. La soltó con todas sus fuerzas. El hombre se inclinó para resistirla y se abrochó el cuello hasta arriba. Su capa no se había movido de sus hombros.

Cansado, el viento dejó de soplar y reconoció que no había conseguido el resultado acordado.

Entonces le tocó el turno al sol. No comenzó con un calor sofocante. Primero asomó entre las nubes y calentó lentamente el sendero. El viajero enderezó la espalda: ya no tenía que protegerse de las ráfagas. Aflojó el cierre del cuello y siguió caminando.

El sol iluminó el campo con mayor intensidad. Al poco tiempo el hombre notó que la capa gruesa le sobraba. Se la quitó, la dobló con cuidado y la llevó sobre el brazo. Después buscó la sombra de un árbol para descansar un momento.

El viento vio la capa fuera de los hombros del viajero y comprendió lo ocurrido. Había intentado arrancársela con golpes de aire, pero sus ráfagas provocaron que el hombre se aferrara más a ella. El sol, en cambio, cambió las condiciones del camino: al desaparecer el frío, el propio viajero decidió quitarse la prenda.

—La prueba está resuelta —admitió el viento—. Soplé con más fuerza de la necesaria y logré lo contrario de lo que buscaba.

El sol no se burló de él. Siguió alumbrando mientras el hombre retomaba su viaje, ya más ligero y sin saber nada del desafío que acababa de terminar.

¿Qué enseña esta fábula?

El relato compara dos maneras de intentar obtener un resultado. El viento usa la fuerza y provoca resistencia: el viajero necesita protegerse. El sol hace que el abrigo deje de ser necesario, y el hombre se lo quita voluntariamente. La enseñanza no es que el calor siempre sea mejor que el viento, sino que la presión y la brusquedad pueden resultar menos eficaces que una forma amable de influir.

En las relaciones humanas, escuchar, explicar una razón o proponer una solución puede ayudar más que imponerla por la fuerza. Esto no significa que nunca se necesiten reglas firmes; significa que conviene pensar cómo reaccionará la otra persona.

Preguntas para comprender

  1. ¿Qué objeto debía quitarse el viajero para que uno de los dos ganara?
  2. ¿Qué hizo el viajero cuando el viento sopló cada vez con más fuerza?
  3. ¿Cómo consiguió el sol que el hombre se quitara la capa?
  4. ¿Por qué fracasó el viento aunque sus ráfagas eran intensas?
  5. ¿Por qué el viajero se quitó la capa por decisión propia y no para obedecer al sol?

Respuestas explicadas

  1. La capa. Ese fue el objetivo que acordaron el viento y el sol antes de empezar la prueba.
  2. Se sujetó y cerró la capa con más fuerza. La usaba para defenderse del aire frío; las ráfagas aumentaron esa necesidad.
  3. Calentó el ambiente de manera gradual. El hombre sintió que ya no necesitaba la prenda gruesa y terminó llevándola en el brazo.
  4. Porque su método tuvo el efecto contrario al deseado. Cuanto más empujaba, más se protegía el viajero. Ser el más fuerte no bastó para ganar el desafío.
  5. Porque la temperatura agradable cambió su necesidad. No recibió ninguna orden: al entrar en calor, decidió por sí mismo quitarse la capa.

Actividad: compara causas y consecuencias

Completa esta idea sin copiar la última frase de la fábula: «Cuando el viento ________, el viajero ________. Cuando el sol ________, el viajero ________». Después escribe un ejemplo escolar donde una explicación tranquila pueda funcionar mejor que un grito.

Respuesta modelo: «Cuando el viento sopló con violencia, el viajero cerró su capa. Cuando el sol calentó el camino, el viajero se la quitó». Un ejemplo escolar sería pedir que el grupo guarde silencio explicando que así todos podrán escuchar las instrucciones, en lugar de gritar por encima de las voces. Otras respuestas son válidas si mantienen la relación entre lo que sucede y la reacción que provoca.

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