Adaptación abreviada de «Hans mein Igel», cuento KHM 108 de los hermanos Grimm, según la edición alemana de 1857. Lectura sugerida: 10 a 12 años, con acompañamiento.
Índice
El cuento de Hans el erizo
Un campesino y su esposa vivían con suficiente comida y tierras, pero deseaban tener un hijo. A veces, otros hombres se burlaban del campesino porque aún no era padre. Una tarde, enfadado por aquellas palabras, exclamó que quería un hijo, aunque naciera con aspecto de erizo.
Pasó el tiempo y nació un niño extraordinario: de la cintura hacia arriba tenía cuerpo y púas de erizo, y de la cintura hacia abajo era humano. Lo llamaron Hans el erizo. Sus padres no sabían cómo cuidarlo sin lastimarse con las púas y lo instalaron en un rincón con paja, detrás del horno. Los años transcurrieron allí. Que Hans fuera diferente no impedía que escuchara, pensara y tuviera deseos propios, aunque en la casa casi nadie se detenía a preguntárselos.
Cuando Hans tenía ocho años, su padre fue al mercado y preguntó qué debía traer para cada uno. Su esposa pidió provisiones y la criada, algunas prendas. Hans hizo un pedido inesperado: una gaita. El campesino regresó con el instrumento, y Hans lo recibió como quien encuentra una puerta hacia el mundo.
Entonces pidió otra cosa: que el herrero preparara las patas de un gallo para un viaje. Nadie imaginaba cómo iba a montarlo, pero aquel gallo del cuento podía llevarlo sobre el lomo y hasta remontar el vuelo. Hans se marchó con él y se llevó una pequeña piara de cerdos y algunos asnos para cuidarlos en el bosque.
Allí encontró un sitio desde el que podía vigilar a los animales. Trepaba con su gallo a un árbol alto y tocaba la gaita. La melodía atravesaba las ramas. Pasaron muchos años y los animales se multiplicaron; el bosque se llenó de su ganado. Hans había construido una vida lejos de la casa paterna.
Un día llegó al bosque un rey que había perdido el camino de vuelta a su palacio. Oyó aquella música y mandó a un sirviente a buscar de dónde venía. Al descubrir a Hans sobre el gallo, le pidió orientación. Hans conocía la salida, pero quiso recibir una recompensa. Propuso que el rey le prometiera lo primero que saliera a recibirlo al regresar a su corte.
El rey aceptó de palabra. Sin embargo, cuando puso el compromiso por escrito, anotó una condición engañosa, convencido de que Hans no podría descubrirla. Después siguió el camino que Hans le señaló. En el palacio, la primera persona que corrió a abrazarlo fue su hija. El rey le contó lo sucedido y se alegró de haber preparado su trampa para no cumplir la promesa.
Tiempo después, un segundo rey se extravió por el mismo bosque. También oyó la gaita y pidió ayuda. Hans le ofreció guiarlo a cambio de idéntica promesa. Este rey firmó lo acordado sin intentar burlarse de él. Cuando regresó, su hija salió a recibirlo. El padre, preocupado, le confesó que había prometido esa primera bienvenida a un desconocido. La joven dijo que, por cariño a su padre, lo recibiría si alguna vez se presentaba.
Hans continuó cuidando sus animales hasta que decidió abandonar el bosque. Volvió por un momento a su pueblo con la enorme piara; los vecinos se hicieron cargo de ella. Su padre, que llevaba años sin noticias suyas, quedó sorprendido de verlo. Pero Hans no pensaba quedarse: pidió que prepararan otra vez al gallo y emprendió el camino hacia los dos reinos.
Primero llegó al palacio del rey que lo había engañado. Allí lo esperaban guardias con órdenes de impedirle entrar. Hans y su gallo volaron por encima de las puertas, y el muchacho se presentó ante una ventana del rey para reclamar lo prometido. El monarca, asustado, hizo salir a su hija en un carruaje, aunque él mismo había creado aquel problema al comprometerla sin preguntarle.
Hans estaba lleno de ira. Durante el trayecto trató a la princesa con crueldad y la obligó a volver al palacio, humillada. Su enojo por el engaño del rey no justificaba hacerle daño a ella. Hans siguió adelante solo, con la gaita y el gallo.
En el segundo reino ocurrió algo distinto. Los guardias tenían órdenes de recibir al viajero y conducirlo sin amenazas al castillo. El rey recordó el acuerdo, y su hija salió a saludar a Hans. A ella le inquietaban sus púas y también aquella decisión que había nacido de una promesa de su padre, pero lo recibió. En la antigua historia, los dos se casan y se celebra una cena en el palacio.
Al llegar la noche sucedió el prodigio propio de los cuentos maravillosos. Hans se quitó la piel de erizo y pidió que la retiraran. La piel desapareció en el fuego del palacio, y Hans quedó con apariencia completamente humana. Un médico de la corte lo atendió hasta que se recuperó del cambio. Al día siguiente hubo una nueva celebración. Con los años, Hans recibió el gobierno de aquel reino.
Mucho después, viajó con su esposa para visitar a su padre. El anciano no lo reconoció: decía que su único hijo había nacido con púas y se había marchado sobre un gallo. Hans le contó su historia hasta que pudo reconocerlo. El padre se alegró de recuperar a su hijo y aceptó acompañarlo al reino donde vivía. Así terminó el largo viaje de Hans, que había empezado en un rincón detrás del horno.
Nota para la lectura acompañada: La versión de 1857 incluye una agresión física a la primera princesa, resumida aquí sin detalles gráficos. También presenta matrimonios decididos a partir de promesas hechas por los padres: son rasgos del cuento antiguo, no una regla que deba aceptarse hoy. Nadie queda obligado a casarse por una promesa ajena. La transformación final es fantástica; las púas de Hans no lo hacían menos digno antes del cambio, ni su enojo justifica la crueldad.
Seis preguntas de comprensión con respuestas
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¿Qué tenía de extraordinario el nacimiento de Hans?
Respuesta: Nació con la parte superior del cuerpo semejante a un erizo y la inferior humana. Eso explica sus púas y las dificultades de sus padres para acercarse a él, no un defecto de su carácter.
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¿Qué pidió Hans cuando su padre fue al mercado y qué hizo después?
Respuesta: Pidió una gaita. Después solicitó que prepararan un gallo para montarlo y partió a cuidar cerdos y asnos en el bosque; desde un árbol tocaba la gaita.
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¿Por qué los dos reyes hicieron promesas a Hans?
Respuesta: Los dos se habían perdido y necesitaban que Hans les mostrara el camino. Él aceptó guiarlos a cambio de recibir lo primero que saliera a darles la bienvenida en sus palacios.
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¿En qué se diferenciaron las decisiones de los reyes?
Respuesta: El primero escribió un compromiso engañoso y después intentó impedir la entrada de Hans; el segundo firmó sin engañarlo y ordenó que lo recibieran. En ambos casos, los padres habían hecho una promesa que afectaba a sus hijas.
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¿Cómo terminó el encuentro con la primera princesa?
Respuesta: El rey la hizo salir con Hans y él, furioso, la trató cruelmente y la devolvió al palacio. El engaño del rey explica el conflicto, pero no convierte en justa la reacción de Hans contra ella.
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¿Qué ocurrió después de la estancia de Hans en el segundo palacio?
Respuesta: En un suceso mágico perdió la piel de erizo, pasó a tener apariencia humana y años más tarde regresó a buscar a su padre. El anciano lo reconoció al escuchar su historia y se fue a vivir con él.
Actividad: decisiones y responsabilidades
Lee cada situación e identifica quién tomó la decisión y qué consecuencia tuvo. Después compara tus respuestas con la resolución. No basta con decir que algo ocurrió: hay que relacionar la acción con su resultado.
- Al perderse, el primer rey prometió una recompensa y escribió un compromiso engañoso.
- El primer rey ordenó detener a Hans cuando llegó al palacio.
- Hans descargó su enfado contra la primera princesa.
- El segundo rey ordenó recibir a Hans sin amenazas.
Soluciones explicadas
- Decisión del primer rey. Quería salir del bosque sin cumplir lo pactado; creó el conflicto posterior con Hans y comprometió a su hija sin consultarla.
- Decisión del primer rey. Sus guardias intentaron impedir la entrada, pero Hans los superó volando con el gallo y reclamó la promesa directamente al monarca.
- Decisión de Hans. La princesa regresó humillada al palacio. Aunque el rey lo había engañado, Hans es responsable de cómo trató a una persona que no redactó aquel compromiso.
- Decisión del segundo rey. Hans pudo entrar de manera pacífica. La recepción fue distinta, aunque eso no elimina el problema de que el padre hubiera prometido algo que afectaba a su hija.
Obra original: «Hans mein Igel», hermanos Grimm (KHM 108, edición de 1857). Adaptación y actividades: Aureliano Vargas.

