Cuentos Clásicos para Niños • Recursos Educativos para la Escuela y el Hogar

Ratón Pérez: cuento adaptado con Buby y Gilito

Adaptación abreviada y original en su redacción del cuento «Ratón Pérez», de Luis Coloma, según la edición de 1911. Lectura sugerida: 9 a 12 años.

El viaje secreto del rey Buby

En un reino imaginario vivía Buby, un niño que había recibido la corona cuando apenas contaba seis años. Su madre lo acompañaba en las decisiones difíciles, mientras consejeros y servidores llenaban el palacio de ceremonias. Buby tenía juguetes, ropa abrigada y comidas especiales, y casi nunca se preguntaba cómo vivían los niños que estaban fuera de sus jardines.

Una mañana, mientras comía, notó que uno de sus dientes se movía. La noticia recorrió las habitaciones como si se tratara de un acontecimiento de Estado. Los médicos de la corte se reunieron, discutieron largamente y, finalmente, el dientecito terminó fuera de la boca de Buby. Los ministros propusieron guardarlo como una joya real.

Pero la reina recordó una costumbre de aquel mundo de cuento: dejar el primer diente bajo la almohada para que Ratón Pérez lo recogiera durante la noche. Buby escribió una carta de su puño y letra, aunque manchó de tinta parte de la mesa y de su ropa. Metió la carta junto al diente y decidió mantenerse despierto para conocer al visitante.

La espera le resultó más difícil de lo previsto. Se quedó dormido. Un roce ligero en la frente lo despertó y descubrió, sobre la almohada, a un ratón pequeño. Llevaba sombrero de paja, anteojos y una cartera de color rojo. El visitante lo saludó con tanta cortesía que el niño rey, que había preparado un gran discurso, solo consiguió responder con unas pocas palabras.

Pronto la conversación se volvió amistosa. Ratón Pérez conocía los sótanos de la ciudad, los pasadizos que cruzaban debajo de las calles y muchas historias de otras familias. Antes de despedirse, explicó que aquella noche debía visitar también a Gilito, un niño pobre que vivía con su madre en una habitación muy alta y fría. Había que recoger su diente y dejarle algo a cambio.

—¿Puedo acompañarte? —preguntó Buby.

Ratón Pérez dudó. Un palacio tenía puertas vigiladas; las rutas de los ratones, en cambio, eran estrechas y oscuras. Además, antes de visitar a Gilito debía pasar por su propia casa para recoger el regalo que llevaría. Buby insistió. El ratón, halagado por tener un invitado tan singular, aceptó.

Para que pudiera viajar por un agujero pequeño, Ratón Pérez rozó la nariz del rey con la punta de su cola. Buby estornudó y, en ese instante mágico, se convirtió en un ratoncito de pelaje brillante. Ya no podía apoyarse en la autoridad de su corona: tenía que caminar junto a su nuevo amigo por túneles donde apenas se veía la luz.

El niño sintió miedo cuando oyó golpes sobre su cabeza y pasos que retumbaban al otro lado de las paredes. Ratón Pérez conocía la ruta y lo guiaba con cuidado. Atravesaron pasajes húmedos hasta llegar a una vivienda escondida cerca de unas enormes piezas de queso. Era la casa de la familia Pérez.

Allí los recibieron la esposa del ratón y sus hijos. Las hijas, Adelaida y Elvira, les ofrecieron una visita amable; también estaba Adolfo, el hijo joven. Bebieron té en recipientes diminutos y conversaron un rato. Buby descubrió un hogar que no tenía tronos ni grandes salones, pero sí voces familiares y un sitio para sentarse juntos. Ratón Pérez guardó en su cartera el regalo para Gilito y anunció que debían continuar.

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La siguiente parte del camino era más peligrosa. Para proteger a Buby, varios ratones acompañaron a los viajeros. Debían cruzar una cocina donde dormía don Gaiferos, un gato que podía despertar en cualquier momento. Esperaron a que todo estuviera tranquilo; después, Ratón Pérez tomó a Buby de una pata y atravesaron deprisa el lugar. El gato siguió dormido.

Finalmente subieron por las rendijas de una casa hasta una habitación situada bajo el techo. Allí vivían Gilito y su madre. No había alfombras, ni estufas encendidas, ni una mesa llena de comida. Una cama pobre, unas mantas insuficientes y una cesta vacía ocupaban casi todo el espacio. El frío entraba por las grietas. Gilito dormía muy cerca de su madre para conservar algo de calor.

Buby miró a aquel niño dormido y sintió una tristeza que no sabía nombrar. Él había pasado la noche esperando un regalo; Gilito necesitaba abrigo y alimento. Ratón Pérez mostró una moneda de oro, que dejaría como regalo al recoger el diente de Gilito. Buby comprendió que el ratón no reservaba sus visitas para las casas lujosas.

Al amanecer, la madre despertó a Gilito antes de salir a trabajar lavando ropa. Madre e hijo pronunciaron una oración que Buby también conocía. Escucharlos lo sorprendió: ¿cómo podían compartir aquellas palabras dos niños cuyas vidas eran tan distintas? Ratón Pérez no le dio una explicación inmediata. Volvieron al palacio casi sin hablar.

Ya en la habitación real, el ratón tocó de nuevo con su cola la nariz de Buby. Otro estornudo lo devolvió a su tamaño humano. La reina entró a saludarlo. Por un momento el niño creyó haber soñado, pero bajo la almohada no encontró su carta: en su lugar había una valiosa insignia adornada con piedras preciosas. Ratón Pérez había cumplido su visita.

Sin embargo, Buby apenas se fijó en el obsequio. Le preguntó a su madre por qué Gilito y él podían decir la misma oración, y por qué uno vivía rodeado de comodidades mientras el otro pasaba frío. La reina le explicó que, según la fe expresada en aquella oración, todos eran hijos de Dios y debían considerarse hermanos. También le dijo que ser rey significaba responsabilizarse del bienestar de quienes no tenían lo necesario.

Buby miró la joya con otros ojos. Ahora recordaba a Gilito, a su madre y a la habitación bajo el tejado. El cuento cuenta que, al crecer, Buby conservó aquella idea de hermandad y responsabilidad. La aventura no le había dado solo un regalo por un diente: le había mostrado una parte del reino que nunca había visto.

Sobre esta adaptación: Se resume la edición de 1911 del cuento de Luis Coloma y se conservan sus personajes Buby, Ratón Pérez y Gilito, el recorrido por la casa del ratón, el encuentro con la pobreza y la conversación final con la reina. La reflexión religiosa pertenece al mundo narrativo de Coloma. El relato no cuenta el origen histórico de todas las costumbres relacionadas con los dientes.

Seis preguntas de comprensión con respuestas

  1. ¿Por qué Buby escribió una carta y la colocó bajo la almohada?

    Respuesta: Porque se le había caído su primer diente y la reina decidió seguir la costumbre del cuento: dejar el diente y una carta para que Ratón Pérez los recogiera de noche.

  2. ¿Quién era Gilito y por qué tenía que visitarlo Ratón Pérez?

    Respuesta: Gilito era un niño pobre que vivía con su madre. Ratón Pérez debía recoger también su diente y dejarle un regalo; por eso no podía quedarse toda la noche conversando en el palacio.

  3. ¿Cómo pudo Buby acompañar al ratón por los pasadizos?

    Respuesta: Ratón Pérez le rozó la nariz con la cola, Buby estornudó y se convirtió por arte de magia en un ratoncito capaz de entrar por agujeros y túneles.

  4. ¿Qué dos paradas hicieron antes de encontrar a Gilito?

    Respuesta: Primero fueron a la casa de la familia Pérez para recoger el regalo; después atravesaron una cocina donde dormía el gato don Gaiferos. Pasaron con rapidez para no despertarlo.

  5. ¿Qué diferencia importante observó Buby entre su palacio y la habitación de Gilito?

    Respuesta: En el palacio tenía abrigo, comida y regalos, mientras Gilito y su madre vivían con frío y pocas pertenencias. La comparación le hizo pensar en necesidades que antes ignoraba.

  6. ¿Por qué Buby casi no prestó atención a la joya que apareció bajo su almohada?

    Respuesta: Porque la visita a Gilito lo había impresionado más que el regalo. Quería entender por qué los dos niños compartían una oración y no las mismas condiciones de vida; la reina le habló de hermandad y responsabilidad.

Actividad: el cambio de mirada de Buby

Completa estas dos comparaciones con una idea de antes, otra de después y un hecho del cuento que explique el cambio. El ejemplo resuelto es una lectura posible, no una frase pronunciada literalmente por Buby.

  1. ¿Qué significaba para Buby la visita de Ratón Pérez al comenzar la noche y qué significó al terminar?
  2. ¿Qué sabía Buby sobre los niños de su reino antes del viaje y qué descubrió al visitar a Gilito?

Una resolución justificada

  1. Antes: Buby esperaba conocer al ratón y recibir algo por su diente. Después: comprendió que el viaje podía acercarlo a otros niños y a sus necesidades. Prueba: al regresar casi ignoró la joya y preguntó a su madre por Gilito.
  2. Antes: Buby estaba acostumbrado a las comodidades del palacio y no conocía de cerca la pobreza. Después: supo que Gilito y su madre sufrían frío y falta de recursos. Prueba: vio su habitación bajo el tejado y oyó la conversación final sobre la responsabilidad de un rey.

Obra original: «Ratón Pérez», Luis Coloma (edición de 1911). Adaptación y actividades: Aureliano Vargas.

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