La Catrina y el desfile que cambió de camino: cuento corto para niños
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Cuento original de ficción ambientado en Día de Muertos.

Índice
La Catrina y el desfile que cambió de camino
En el barrio de las Jacarandas, los vecinos habían organizado algo nuevo para aquella tarde de Día de Muertos: un desfile de carritos hechos por los niños. Cada carrito llevaba una escena de cartón pintado, con flores, animales o paisajes inventados.
La Catrina lo vio todo desde un mural de la biblioteca. Tenía un vestido violeta, zapatos brillantes y una sonrisa dibujada con mucho cuidado. Cuando la plaza se llenó de voces, bajó del muro como quien desciende un escalón.
—¿Ya empieza el paseo? —preguntó, sacudiéndose una pequeña nube de pintura.
Luz, que sostenía un carrito con forma de barco azul, abrió los ojos.
—¿Tú también vas a venir?
—Claro. Pero primero necesito saber quién dirige este barco.
—Yo —respondió Luz—. Aunque tiene ruedas y no puede navegar.
La Catrina hizo una reverencia al barco y se ofreció a caminar al frente. Los niños colocaron sus carritos en fila. Había uno con montañas de papel, otro con un jardín diminuto y uno más con un pez enorme que sonreía.
El recorrido parecía fácil: cruzar la calle angosta, dar la vuelta a la escuela y regresar a la plaza. Pero al entrar en la calle descubrieron un problema. Las piedras del suelo eran tan desiguales que las ruedas pequeñas chocaban a cada paso.
El barco azul se detuvo entre dos piedras. Luz tiró un poco del hilo que usaba para llevarlo.
—Si jalo más fuerte, se va a romper —dijo.
La Catrina se agachó. Tocó una rueda con la punta de un dedo y comprobó que giraba bien en el aire, pero no sobre aquel suelo.
—Podemos dejar el barco aquí y continuar —propuso un vecino.
Luz miró su trabajo, que había preparado durante varias tardes.
—Preferiría llevarlo con todos.
La Catrina observó la calle, las macetas junto a las puertas y el portón verde de la escuela. Recordó que detrás del portón había un patio de piso liso, con una salida hacia el otro lado de la plaza.
—También podemos cambiar de camino —dijo—. No prometí que el desfile fuera en línea recta.
Fueron a preguntarle a don Raúl, el encargado de la escuela, si podían pasar por el patio. Él estaba guardando unas sillas y escuchó la idea.
—Sí, siempre que vayan despacio y cuiden los maceteros —respondió, abriendo el portón.
Entraron en fila. Por primera vez, las ruedas rodaron sin saltos. En las ventanas se reflejaron los adornos de colores y, cuando pasó el barco de Luz, pareció que navegaba sobre un segundo barco hecho de luz.
—¡Mira, tiene un gemelo! —exclamó la niña.
La Catrina se detuvo para contemplarlo. Había elegido el camino más largo, pero también uno que nadie había pensado recorrer. Los vecinos avanzaron tranquilos, sin empujar ni dejar ningún carrito atrás.
Al regresar a la plaza, las personas que esperaban aplaudieron. Luz levantó el barco para que todos vieran sus dos chimeneas de cartón. La Catrina dio una última vuelta con el vestido extendido y regresó discretamente al mural.
A la mañana siguiente, Luz pasó frente a la biblioteca. La Catrina seguía pintada donde siempre. Sin embargo, junto al borde de su vestido había aparecido un barquito azul que nadie recordaba haber dibujado.
Luz sonrió y siguió su camino. No necesitaba saber cómo había llegado allí.
Cuatro preguntas sobre el cuento
- ¿Desde dónde salió la Catrina al comienzo?
- ¿Por qué se detuvo el carrito de Luz?
- ¿Qué decidió hacer la Catrina en vez de abandonar el barco?
- ¿Qué detalle nuevo vio Luz en el mural al día siguiente?
Respuestas
- Salió de un mural de la biblioteca.
- Sus ruedas chocaban con las piedras desiguales de la calle y se atascó.
- Propuso cambiar de camino y pasar por el patio de la escuela, después de conseguir el permiso de don Raúl.
- Un pequeño barquito azul junto al borde del vestido de la Catrina.
Una actividad para imaginar
Opción de dibujo: dibuja uno de los carritos del desfile, o inventa otro. Muéstralo sobre un camino por el que pueda avanzar sin estropearse. Opción de escritura: escribe dos frases: qué lleva tu carrito y por qué ruta lo conducirías.
Si prefieres una actividad manual distinta del cuento, puedes visitar la Catrina para imprimir y armar que ya existe en el sitio.
Por Aureliano Vargas.
