La semilla que no tenía nombre: cuento con pictogramas
Lectura original: https://maestrosypadres.com/cuento-con-pictogramas-semilla-sin-nombre/
Este cuento breve se lee de una manera especial: algunas palabras aparecen representadas por pictogramas, pequeños dibujos que ayudan a seguir la historia. Primero observa la clave de símbolos. Después lee el cuento con otra persona o a tu ritmo. Si prefieres solo palabras, encontrarás una versión escrita completa al final.

Índice
Los cinco pictogramas de la historia
semilla ·
maceta ·
agua ·
sol ·
brote.
En este cuento cada símbolo representa siempre la misma palabra. No hay que adivinar una palabra distinta cada vez que aparece. Los pictogramas son ilustraciones originales del recurso y llevan una etiqueta textual para lectores de pantalla.
Cuento: La semilla que no tenía nombre
Al volver de la biblioteca, Nora vio algo pequeño junto al camino. Se agachó y descubrió una
oscura. No parecía una piedra: tenía una forma suave y una marca clara en un lado.
—¿De qué planta será? —preguntó al llegar a casa.
Su abuelo observó la
y negó con la cabeza.
—No lo sé. Podemos cuidarla y ver si crece. Quizá descubramos algo con el tiempo.
Nora buscó una
pequeña. El abuelo comprobó que tuviera agujeros para que pudiera salir el
sobrante. Después colocaron tierra dentro y dejaron la
cubierta por una capa ligera.
—¿Y ahora? —preguntó Nora.
—Ahora necesita cuidados y paciencia. Podemos observar la tierra y regarla cuando haga falta, sin llenarla de
.
Nora colocó la
cerca de una ventana luminosa. Dibujó un
en su cuaderno para recordar dónde había puesto su pequeño proyecto.
A la mañana siguiente corrió a mirar. La tierra seguía igual.
—No ha pasado nada —dijo.
—Que no veamos un cambio no significa que podamos saber qué ocurre bajo tierra —respondió el abuelo.
Pasaron varios días. Nora aprendió a tocar la superficie de la tierra antes de añadir un poco de
. También giró la
con cuidado para observarla desde todos los lados. A veces el
quedaba oculto detrás de las nubes, pero el rincón seguía recibiendo claridad durante el día.
Una tarde, la mascota de la familia rozó la mesa y la
quedó inclinada. Nora la sostuvo antes de que cayera, recogió la tierra suelta y la dejó en un lugar más estable.
—¡Casi perdemos nuestra planta! —exclamó.
—Todavía no sabemos si habrá planta —le recordó el abuelo—. Lo que sí sabemos es que ahora tiene un lugar mejor.
Después de varias semanas, Nora notó una pequeña línea verde que rompía la superficie. Se acercó para verla mejor. Era un
.
—¡Mira! —llamó, sin tocarlo—. ¡La
está creciendo!
El abuelo sonrió. Nora abrió su cuaderno y dibujó el
junto a la fecha de aquel día. No podía decir aún qué planta sería, pero ya tenía algo verdadero que contar: había observado un cambio.
—¿Le ponemos un nombre? —preguntó.
—Podemos llamarla «la planta de la ventana», hasta saber más.
Desde entonces, Nora fue anotando lo que veía. Y cuando alguien le preguntaba por qué su dibujo del primer día solo mostraba tierra, respondía:
—Porque todas las historias tienen una parte que todavía no se ve.
Preguntas para conversar después de leer
- ¿Dónde encontró Nora la semilla?
- ¿Por qué comprobaron que la maceta tuviera agujeros?
- ¿Qué accidente casi ocurre con la maceta?
- ¿Qué observó Nora después de varias semanas?
- ¿Llegaron a saber el nombre de la planta?
Respuestas fieles al cuento
- Junto al camino, cuando volvía de la biblioteca.
- Para que saliera el agua sobrante.
- La mascota rozó la mesa y la maceta se inclinó; Nora evitó que cayera.
- Un brote verde que salía de la tierra.
- No. El abuelo propuso llamarla provisionalmente «la planta de la ventana».
Actividad para compartir la lectura
Una persona lee los párrafos y otra señala cada pictograma cuando aparezca. Después intercambien los papeles. Sin mirar la clave, elige dos dibujos y cuenta qué sucedió en la historia cuando apareció cada uno. No es obligatorio pronunciar las palabras: también pueden señalarse o escribirse. Para trabajar la secuencia, coloca en orden estas acciones: Nora encuentra la semilla; prepara la maceta; salva la maceta cuando se inclina; ve el brote.
Orden correcto: encontrar, preparar, proteger y observar el brote. Esta es una narración ficticia; no garantiza que cualquier semilla encontrada germine ni sustituye las instrucciones para cultivar una especie concreta.
Versión solo con palabras para lectura accesible
Leer el cuento sin dibujos
Al volver de la biblioteca, Nora vio algo pequeño junto al camino. Se agachó y descubrió una semilla oscura. No parecía una piedra: tenía una forma suave y una marca clara en un lado.
—¿De qué planta será? —preguntó al llegar a casa.
Su abuelo observó la semilla y negó con la cabeza.
—No lo sé. Podemos cuidarla y ver si crece. Quizá descubramos algo con el tiempo.
Nora buscó una maceta pequeña. El abuelo comprobó que tuviera agujeros para que pudiera salir el agua sobrante. Después colocaron tierra dentro y dejaron la semilla cubierta por una capa ligera.
—¿Y ahora? —preguntó Nora.
—Ahora necesita cuidados y paciencia. Podemos observar la tierra y regarla cuando haga falta, sin llenarla de agua.
Nora colocó la maceta cerca de una ventana luminosa. Dibujó un sol en su cuaderno para recordar dónde había puesto su pequeño proyecto.
A la mañana siguiente corrió a mirar. La tierra seguía igual.
—No ha pasado nada —dijo.
—Que no veamos un cambio no significa que podamos saber qué ocurre bajo tierra —respondió el abuelo.
Pasaron varios días. Nora aprendió a tocar la superficie de la tierra antes de añadir un poco de agua. También giró la maceta con cuidado para observarla desde todos los lados. A veces el sol quedaba oculto detrás de las nubes, pero el rincón seguía recibiendo claridad durante el día.
Una tarde, la mascota de la familia rozó la mesa y la maceta quedó inclinada. Nora la sostuvo antes de que cayera, recogió la tierra suelta y la dejó en un lugar más estable.
—¡Casi perdemos nuestra planta! —exclamó.
—Todavía no sabemos si habrá planta —le recordó el abuelo—. Lo que sí sabemos es que ahora tiene un lugar mejor.
Después de varias semanas, Nora notó una pequeña línea verde que rompía la superficie. Se acercó para verla mejor. Era un brote.
—¡Mira! —llamó, sin tocarlo—. ¡La semilla está creciendo!
El abuelo sonrió. Nora abrió su cuaderno y dibujó el brote junto a la fecha de aquel día. No podía decir aún qué planta sería, pero ya tenía algo verdadero que contar: había observado un cambio.
—¿Le ponemos un nombre? —preguntó.
—Podemos llamarla «la planta de la ventana», hasta saber más.
Desde entonces, Nora fue anotando lo que veía. Y cuando alguien le preguntaba por qué su dibujo del primer día solo mostraba tierra, respondía:
—Porque todas las historias tienen una parte que todavía no se ve.
Relato, preguntas y pictogramas de elaboración original. Texto editorial: Aureliano Vargas.
