Adaptación abreviada del relato de Oscar Wilde, pensada para lectores de 10 a 12 años con acompañamiento. Esta versión conserva el conflicto y su desenlace, pero no reproduce íntegramente la obra.

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Una casa con un habitante inesperado
Cuando el señor Otis compró la antigua mansión de Canterville, su anterior propietario creyó necesario advertirle que no la habitaría solo. Por sus corredores, aseguró, vagaba desde hacía siglos el espíritu de sir Simon de Canterville. Varias generaciones de la familia habían escuchado sus ruidos y presenciado sus apariciones.
El señor Otis no cambió de opinión. Viajó a la casa con su esposa y sus cuatro hijos: Washington, Virginia y los gemelos menores. Para ellos, la mansión era una vivienda enorme que necesitaba orden y algunas reparaciones. Las leyendas que la rodeaban les parecían menos importantes que instalarse cómodamente.
La señora Umney, encargada de cuidar la propiedad, recibió a la familia con gesto serio. Mientras les mostraba las habitaciones, señaló una mancha oscura cerca de una chimenea. Explicó que recordaba la muerte de lady Eleanore, esposa de sir Simon, a quien él había asesinado muchos años atrás. Desde entonces, según la historia de la casa, la mancha había resistido cualquier intento de limpieza.
Washington decidió comprobarlo. Se arrodilló y frotó el suelo con un producto de limpieza hasta que la marca desapareció. La señora Umney quedó espantada, pero los recién llegados celebraron haber resuelto un problema doméstico.
Aquella noche, muy tarde, el señor Otis oyó pasos pesados y cadenas arrastrándose por el pasillo. Abrió la puerta y encontró a un anciano transparente, cubierto por ropas de otra época. El visitante alzó los brazos, preparado para sembrar el pánico. En lugar de gritar, el dueño de la casa le ofreció aceite para que las cadenas dejaran de hacer ruido y regresó a la cama.
Sir Simon se alejó indignado. Durante siglos, una sola de sus apariciones había bastado para espantar a quienes se cruzaban con él. Jamás nadie le había pedido que procurara caminar en silencio. Para empeorar las cosas, los gemelos salieron de su cuarto y le lanzaron una almohada. El fantasma escapó atravesando la pared.
El fantasma que terminó asustado
Sir Simon no quería renunciar a su reputación. Preparó disfraces, ensayó quejidos y buscó las horas más oscuras para aparecer. Una vez intentó vestir una armadura antigua, pero resultó tan pesada que cayó estrepitosamente. En otra ocasión, la señora Otis interpretó su aterradora risa como señal de malestar y le ofreció un remedio para el estómago.
Los gemelos también habían descubierto lo fácil que era burlarse de él. Colocaron trampas y prepararon incluso una figura que parecía otro fantasma. Cuando sir Simon la vio en la penumbra, huyó espantado antes de descubrir el engaño. Así, quien había dedicado tanto tiempo a provocar miedo comenzó a vivir pendiente del próximo susto que podrían darle.
Había otro detalle misterioso. La mancha del suelo reaparecía cada mañana, a veces roja, otras veces de colores imposibles. Virginia notó que desaparecían pinturas de sus materiales de dibujo. Sir Simon, empeñado en mantener la vieja leyenda, las estaba utilizando para renovar la marca. La muchacha se enfadó por ello, pero también advirtió que el fantasma parecía cada vez más cansado y solo.
Al final, sir Simon dejó de salir por las noches. La familia empezó a creer que se había marchado. Virginia, sin embargo, lo encontró un día sentado junto a una ventana, con la mirada perdida en el jardín de otoño.
La conversación de Virginia
Virginia se acercó con prudencia. Le dijo que sus hermanos no deberían seguir molestándolo, aunque también le recordó que él había intentado asustarlos. Sir Simon protestó: había pasado tanto tiempo siendo el fantasma de la casa que no sabía actuar de otra manera.
La muchacha fue más seria cuando hablaron de lady Eleanore. Matar a su esposa había sido un acto terrible, le dijo, y ninguna explicación podía volverlo justo. Sir Simon admitió el hecho. También contó que, después, los hermanos de ella lo encerraron y que allí había terminado su vida. Su historia estaba llena de daño causado y de sufrimiento, y Virginia no lo confundió con una inocente víctima.
Entonces él dejó de discutir. Confesó que llevaba trescientos años sin encontrar descanso. Ya no deseaba ganar una batalla de sustos; quería que aquella larga existencia de inquietud concluyera. Le habló de un lugar tranquilo donde podría reposar si alguien mostraba compasión por él y rogaba que le fuera concedido el perdón.
Virginia recordó unos versos antiguos escritos en una ventana. Anunciaban que la paz volvería a Canterville cuando una joven ofreciera sus lágrimas y su oración por un espíritu culpable y un almendro estéril floreciera. Ahora empezaba a comprenderlos.
Tuvo miedo, porque sir Simon le explicó que tendría que atravesar con él una región misteriosa. Aun así, decidió acompañarlo. No quería decir que su crimen no hubiera importado. Quería ayudar a alguien que reconocía al fin el peso de sus actos. Tomó su mano y, al acercarse a una pared, esta se abrió como si fuera una cortina de niebla. Ambos desaparecieron.
Las horas pasaron. En la mansión buscaron a Virginia por las habitaciones, los jardines y los caminos cercanos. Sus padres y hermanos temían que le hubiera ocurrido algo grave. La joven volvió a aparecer cerca de la medianoche, pálida y silenciosa. Llevaba un pequeño cofre con joyas que sir Simon le había regalado. Explicó que el fantasma había encontrado finalmente la paz.
El descanso de sir Simon
Virginia condujo a la familia por un pasadizo oculto hasta una pequeña habitación cerrada desde hacía mucho tiempo. Allí descubrieron los restos de sir Simon. El cuarto revelaba el triste final de su vida humana y permitía comprender por qué su desaparición había sido un misterio.
Uno de los gemelos miró por una ventana y anunció que el viejo almendro del exterior estaba cubierto de flores. Virginia entendió esa floración como una señal de que la promesa de paz se había cumplido.
Días después, la familia y los Canterville organizaron un entierro digno. Virginia depositó flores junto a la tumba. La casa quedó silenciosa: sir Simon ya no tenía necesidad de hacer temblar las puertas ni arrastrar cadenas para que alguien lo escuchara.
El antiguo propietario permitió que Virginia conservara las joyas. Años más tarde, cuando ella ya era adulta, regresó a visitar la tumba. Nunca contó todos los detalles de lo ocurrido al otro lado de la pared. Sí conservó una certeza: detrás de la figura que parecía causar únicamente miedo había alguien que necesitaba reconocer su culpa y encontrar descanso. Ayudarlo no había borrado sus actos, pero había cambiado el final de su historia.
Seis preguntas de comprensión con respuestas
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¿Por qué el señor Otis compra la casa a pesar de la advertencia?
Respuesta: Porque no considera la presencia del fantasma un motivo suficiente para renunciar a la vivienda. Su manera práctica de pensar se observa cuando trata las cadenas como un problema de ruido.
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¿Qué tiene de humorística la primera aparición de sir Simon?
Respuesta: El fantasma espera gritos, pero recibe una botella de aceite. La situación invierte los papeles habituales: quien intenta provocar terror termina ofendido y desconcertado.
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¿Por qué cambia de color la mancha?
Respuesta: Porque sir Simon usa las pinturas de Virginia para volver a dibujarla después de que Washington la limpia. Los colores extraños no son una nueva clase de sangre.
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¿Por qué Virginia no justifica el comportamiento pasado de sir Simon?
Respuesta: Porque le dice claramente que el asesinato de su esposa fue injustificable. Su compasión posterior no implica negar esa responsabilidad.
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¿Qué pide sir Simon y qué decide hacer Virginia?
Respuesta: Él busca descanso después de siglos de inquietud. Virginia acepta acompañarlo y pedir misericordia por él, aunque sabe que atravesar el pasadizo desconocido le dará miedo.
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¿Cómo sabemos que el conflicto principal terminó?
Respuesta: Virginia regresa y explica que sir Simon ha encontrado paz; aparece la habitación donde terminó su vida, florece el almendro y finalmente celebran su entierro. El fantasma deja de recorrer la casa.
Actividad: apariencia, miedo y ayuda
Lee las tres situaciones y escribe junto a cada una: A si muestra principalmente una apariencia destinada a asustar, M si expresa miedo de un personaje, o H si representa una ayuda ofrecida. Después explica por qué.
- Sir Simon se presenta con cadenas y ropa antigua frente al dormitorio del señor Otis.
- Sir Simon se esconde después de que los gemelos le preparan una figura falsa.
- Virginia escucha al fantasma y decide acompañarlo, sin disculpar el daño que hizo.
Solución comentada
1: A. Sir Simon elige cómo mostrarse para impresionar a los demás. 2: M. Esta vez quien teme una aparición es el propio fantasma. 3: H. Virginia ofrece compañía y compasión, pero mantiene su juicio sobre el crimen. Las tres escenas permiten distinguir causar miedo, sentirlo y ayudar a alguien.
Obra original: The Canterville Ghost, de Oscar Wilde. Adaptación y actividades: Aureliano Vargas.

