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El ruiseñor y la rosa: adaptación y actividades de comprensión

Adaptación en español del cuento de Oscar Wilde, dirigida a lectores de 11 a 13 años o a una lectura acompañada. La historia contiene un sacrificio y un desenlace triste, narrados sin detalles gráficos.

Una flor que no estaba en el jardín

Un estudiante caminaba por su jardín sin prestar atención a los árboles. Llevaba toda la mañana buscando una rosa roja y no había encontrado ninguna. Al día siguiente se celebraría un baile en el palacio. La joven de quien estaba enamorado le había dicho que bailaría con él si se presentaba con una rosa de aquel color.

El estudiante conocía numerosos libros y podía hablar durante horas sobre las ideas de los filósofos. Sin embargo, esa mañana no conseguía resolver un problema que parecía pequeño: por más que revisaba los rosales, ninguno tenía la flor que necesitaba. Terminó sentado sobre el césped, convencido de que todo su futuro dependía de una rosa.

Entre las ramas de una encina vivía un ruiseñor. El ave había escuchado muchas canciones sobre el amor, pero nunca había observado a alguien tan afligido por él. Vio al joven esconder el rostro entre las manos y creyó estar ante una persona capaz de amar con una intensidad extraordinaria.

Otros animales del jardín oyeron el motivo de la tristeza y lo consideraron desproporcionado. Para el ruiseñor, en cambio, la petición de una flor tenía un significado mucho mayor que su tamaño. Si una rosa podía unir a dos personas, pensó, valía la pena intentar conseguirla.

Abrió las alas y voló hasta un rosal del centro del jardín. Le pidió una flor roja, pero sus rosas eran blancas. Probó después con otro que crecía junto a un viejo reloj de sol; aquel solo daba rosas amarillas. Ambos lo enviaron a un tercer rosal, situado bajo la ventana del estudiante.

Ese último árbol sí producía flores rojas. El ruiseñor creyó que la búsqueda había terminado, pero el rosal le explicó que las heladas y las tormentas habían estropeado sus ramas. No tendría flores aquella temporada.

La decisión del ruiseñor

El ave preguntó si existía alguna posibilidad de obtener una sola rosa. El rosal respondió que sí, aunque no se trataba de un remedio sencillo: según la magia de aquel jardín, una flor podía surgir de una canción cantada durante toda la noche a la luz de la luna. Para darle el color rojo, el ruiseñor tendría que sostenerse contra una espina y entregar con su canto su propia vida.

La respuesta lo hizo vacilar. Amaba las mañanas del bosque, el movimiento de las hojas y el sonido de sus compañeros. Sabía que no volvería a disfrutar de nada de aquello. Pero seguía imaginando al estudiante solo en el baile y pensaba que ayudarlo era una manera de defender aquello en lo que creía.

El ruiseñor tomó una decisión. Regresó junto al muchacho y anunció que habría una rosa roja para él, aunque le pidió que fuera sincero con la persona a quien decía amar. El estudiante oyó los trinos, pero no comprendió el mensaje. Estaba tan acostumbrado a buscar explicaciones en sus libros que juzgó el canto solo por su sonido. Le pareció hermoso, aunque no imaginó que aquella música pudiera expresar un sentimiento verdadero.

Antes de que llegara la noche, el ruiseñor cantó una última vez para la encina donde había vivido. El árbol, que conocía bien a su pequeño huésped, sintió tristeza al despedirlo. Después el ave bajó hasta el rosal de la ventana.

La luna apareció sobre el jardín. El ruiseñor comenzó su canción junto a la espina. Mientras la melodía avanzaba, nació un capullo y sus pétalos empezaron a abrirse. Al principio tenían un color casi blanco; después adquirieron un tono rosado. El rosal le advirtió que, si detenía el canto, la flor quedaría sin terminar.

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El ave siguió cantando, cada vez con menos fuerzas. Imaginó encuentros, despedidas y promesas mientras la rosa se volvía más intensa. Cuando llegó el amanecer, la flor estaba completamente roja y abierta. El ruiseñor ya no podía cantar. Había muerto antes de ver lo que ocurriría con su regalo.

Una rosa rechazada

El estudiante despertó tarde y se asomó a la ventana. Encontró una rosa roja donde el día anterior no había ninguna. Se alegró enormemente. No vio al ruiseñor tendido entre la hierba ni supo cómo había nacido la flor. Para él, simplemente había ocurrido algo favorable en el momento oportuno.

Cortó la rosa con cuidado, se arregló y fue a casa del profesor cuya hija había prometido bailar con él. La joven estaba junto a la puerta. El muchacho le entregó la flor y le recordó lo que habían hablado: ahora tenían la rosa, así que podrían asistir juntos al baile.

Ella miró los pétalos sin entusiasmo. Dijo que el rojo no combinaba con su vestido. Añadió que otro pretendiente, sobrino de un funcionario de la corte, le había enviado unas joyas. A sus ojos, aquellas piedras eran mucho más valiosas que una flor.

El estudiante se indignó. No esperaba semejante respuesta después de su búsqueda. Acusó a la joven de no cumplir su palabra y arrojó la rosa al camino. La flor cayó cerca de la calle; una rueda que pasó poco después la aplastó. Nadie recordó la canción que la había hecho posible.

El muchacho regresó a su cuarto. Pensó que el amor era una ocupación confusa, incapaz de ofrecer respuestas tan claras como las que él buscaba en sus estudios. Decidió dedicar de nuevo su tiempo a la filosofía y abrió un libro pesado que había dejado sobre la mesa.

Así termina el cuento: la rosa existe gracias a un acto que el estudiante nunca conoce, pero no consigue el baile para el que fue creada. El lector sabe más que los personajes humanos sobre lo ocurrido durante la noche. En esa diferencia entre lo que unos creen y lo que el lector ha visto se encuentra buena parte de la tristeza y de la ironía del relato.

Seis preguntas de comprensión con respuestas

  1. ¿Qué le pide la joven al estudiante y por qué él necesita una rosa roja?

    Respuesta: Le dice que bailará con él si le lleva una rosa roja al baile. Como no encuentra ninguna en su jardín, el estudiante cree que perderá la oportunidad de acercarse a ella.

  2. ¿Por qué el ruiseñor recorre tres rosales?

    Respuesta: Busca una rosa roja. El primero solo tiene rosas blancas; el segundo, amarillas; y el tercero produce rojas, pero el frío ha impedido que florezca esa temporada.

  3. ¿Qué condición establece el tercer rosal y qué decide el ave?

    Respuesta: Explica que la rosa puede nacer mediante una canción nocturna que costará la vida del ruiseñor. El ave decide cantar porque considera muy importante ayudar al estudiante, aunque sabe que perderá lo que disfruta de su vida.

  4. ¿Qué diferencia existe entre lo que sabe el lector y lo que sabe el estudiante al encontrar la rosa?

    Respuesta: El lector conoce la búsqueda y el sacrificio del ruiseñor. El estudiante solo ve una flor que apareció de manera inesperada y no relaciona su belleza con la muerte del ave.

  5. ¿Por qué la joven rechaza la rosa?

    Respuesta: Dice que no combina con su vestido y prefiere las joyas enviadas por otro pretendiente. Su elección contradice la importancia que el estudiante y el ruiseñor habían dado a la flor.

  6. ¿Cómo termina la historia y por qué el final es irónico?

    Respuesta: El estudiante desecha la rosa, que acaba aplastada, y vuelve a estudiar filosofía porque considera inútil el amor. Resulta irónico que desprecie el sentimiento justo después de beneficiarse, sin saberlo, de una acción que el ruiseñor entendió como una prueba de amor.

Actividad: defiende una interpretación con hechos

Dos lectores proponen interpretaciones distintas del cuento:

  1. Interpretación A: El ruiseñor demuestra una generosidad que los personajes humanos no llegan a reconocer.
  2. Interpretación B: El cuento invita a preguntarse si el ruiseñor comprendió realmente a la persona por la que se sacrificaba.

Elige una interpretación y escribe dos hechos del relato que la apoyen. Después señala un hecho que permita matizarla. Puedes defender cualquiera de las dos si usas el texto.

Ejemplos de respuesta razonada

Para A: el ruiseñor busca la rosa sin esperar una recompensa para sí y continúa cantando aun cuando sabe el precio. Como matiz, la muchacha y el estudiante no conocían esa decisión, de modo que no podían agradecer conscientemente lo que ignoraban.

Para B: el ave cree que el estudiante es un amante profundo solo por escucharlo llorar y no advierte que él valora poco su canto. Además, cuando la joven lo rechaza, el estudiante arroja la rosa. Como matiz, el ruiseñor sí actúa movido por una intención de ayuda, aunque su juicio sobre el muchacho pueda ser equivocado.

Estas son respuestas posibles, no una moraleja única. Una interpretación es más sólida cuando explica hechos del cuento y reconoce sus dificultades.

Obra original: The Nightingale and the Rose, de Oscar Wilde. Adaptación y actividades: Aureliano Vargas.

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