Adaptación abreviada y original en español de la primera parte de Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Pensada para lectores de 10 a 12 años. Cuenta el viaje a Liliput completo en su arco principal, pero no reproduce la novela íntegra ni los viajes posteriores.
Índice
El cuento: el hombre que llegó a un país diminuto
Gulliver era médico de barcos y sentía una curiosidad difícil de apagar. Le gustaba aprender las costumbres de otras tierras y escuchar palabras que nunca había oído. Aunque tenía una familia en Inglaterra, volvió a embarcarse en una expedición que prometía llevarlo muy lejos.
Una tormenta echó a perder aquella promesa. El barco chocó contra unas rocas, y Gulliver consiguió alejarse con varios compañeros en una pequeña embarcación. Las olas terminaron por volcarla. Nadó hasta quedarse casi sin fuerzas y, cuando sus pies encontraron fondo, avanzó como pudo hasta una costa desconocida. Allí se acostó sobre la hierba y durmió profundamente.
Al despertar, descubrió que no podía levantar los brazos. Tenía las piernas sujetas al suelo y el cabello amarrado con hilos resistentes. Una voz aguda resonó muy cerca de su oreja. Después sintió pequeños pasos sobre el pecho: una persona de apenas unos quince centímetros lo examinaba con un arco en la mano. Había decenas más a su alrededor.
Gulliver abrió mucho los ojos. Para aquellos habitantes, en cambio, él parecía una montaña que respiraba. Cuando intentó incorporarse, le dispararon pequeñas flechas. No lo dejaron avanzar, pero tampoco lo abandonaron. Al ver que señalaba su boca, comprendieron que tenía hambre. Pronto llegaron carritos cargados de alimentos que el enorme visitante consumía en unos cuantos bocados.
Los habitantes llamaban Liliput a su país. Transportaron a Gulliver hasta las cercanías de la capital y lo alojaron en un edificio amplio para ellos, aunque demasiado estrecho para él. Permaneció sujeto con cadenas mientras el emperador y sus consejeros decidían qué hacer. Unos temían que destruyera la ciudad; otros se preguntaban cómo alimentar a un huésped tan grande.
Gulliver sabía que podía causar graves daños con un solo movimiento descuidado. Por eso se esforzó en permanecer tranquilo, aprendió palabras de la lengua local y trató con cuidado a quienes se le acercaban. Incluso perdonó a unos hombres que habían sido llevados ante él por atacarlo. Poco a poco, el emperador empezó a confiar en su conducta.
Pasaron las semanas. Le hicieron ropa con la ayuda de muchos sastres y organizaron grandes entregas de comida. Finalmente le permitieron caminar libremente, pero antes tuvo que prometer que respetaría a los habitantes, no dañaría sus casas y ayudaría al reino frente a una amenaza exterior.
Fue entonces cuando Gulliver pudo conocer de verdad la ciudad. Las calles le parecían senderos estrechos; un edificio importante apenas le llegaba a las rodillas. Debía mirar bien dónde ponía los pies. También conoció algunas costumbres de la corte que lo desconcertaron: ciertos aspirantes a recibir favores del emperador demostraban su habilidad haciendo arriesgados ejercicios de equilibrio. Gulliver se preguntó qué relación tenía aquello con gobernar bien un país.
Una mañana, un secretario llamado Reldresal le explicó que Liliput llevaba mucho tiempo enfrentado al imperio vecino de Blefuscu. Entre sus disputas figuraba una cuestión que a Gulliver le pareció sorprendente: dónde debía romperse la cáscara de un huevo. Una antigua orden imperial había impuesto una manera de hacerlo; quienes rechazaban la norma habían sufrido persecuciones, y algunos encontraron apoyo en Blefuscu. Las diferencias políticas y el orgullo de los gobernantes habían alimentado una guerra que ya afectaba a muchas familias.
La flota de Blefuscu se preparaba para atacar. Gulliver, que había prometido defender Liliput de una invasión, pensó en impedir que los barcos enemigos se acercaran. Desde la costa observó las embarcaciones con sus lentes. Para él eran pequeñas; para sus tripulantes eran verdaderos navíos de guerra.
Entró en el agua llevando cuerdas y ganchos preparados para su tamaño. Mientras las flechas le obligaban a protegerse el rostro, fue uniendo las embarcaciones por la proa. Al principio no pudo moverlas: seguían sujetas a sus anclas. Cuando consiguió soltarlas, tiró de las cuerdas y llevó los barcos hasta Liliput. Había detenido el ataque sin necesitar hundir la flota.
El emperador lo recibió entre celebraciones y le concedió un importante título. Gulliver pensó que el peligro había terminado. Pero el soberano esperaba algo más: quería que regresara a Blefuscu, capturara los barcos restantes y dejara a aquel pueblo bajo el poder de Liliput. Así, nadie podría oponerse a sus órdenes.
Gulliver se negó. Había ayudado a defender un país, no había aceptado quitar la libertad a otro. Explicó que no utilizaría su fuerza para obligar a una población entera a someterse. Algunos consejeros estuvieron de acuerdo, pero el emperador consideró aquella respuesta una desobediencia intolerable.
Tiempo después llegaron enviados de Blefuscu para negociar la paz. Gulliver los trató con cortesía, algo que disgustó aún más a sus enemigos en la corte. Además, una intervención suya para detener un incendio en el palacio había causado ofensa por el modo en que resolvió la emergencia. Aunque había prestado servicios importantes, varios ministros aprovecharon estos hechos para acumular acusaciones en su contra.
Una noche, un visitante de confianza le explicó en secreto la gravedad de la situación. Los consejeros planeaban imponerle un castigo cruel y presentarlo como un gesto de clemencia. Gulliver comprendió que ni su tamaño ni sus servicios bastaban para protegerlo de las decisiones del palacio.
Tenía ya permiso para visitar Blefuscu, concedido antes de que aquellas acusaciones salieran a la luz. Decidió aprovecharlo sin esperar. Cruzó el estrecho llevando consigo sus pertenencias en una embarcación liliputiense y se presentó ante el monarca vecino. Allí lo recibieron con respeto. Gulliver no quería iniciar una nueva pelea entre los dos gobiernos; solo deseaba encontrar la manera de regresar a su hogar.
Al recorrer una playa de Blefuscu divisó algo extraordinario: una barca a la deriva, enorme para los habitantes de la isla, pero de tamaño útil para un hombre como él. Con la ayuda de marineros y trabajadores locales logró llevarla a tierra, repararla y prepararla para navegar. Mientras tanto, desde Liliput llegó la exigencia de que lo devolvieran para castigarlo. El gobernante de Blefuscu no lo entregó; explicó que la barca permitiría resolver la situación con la partida del visitante.
Gulliver agradeció la ayuda, pidió autorización para marcharse y emprendió el viaje por mar. Tras varios días divisó un barco mercante inglés. Sus tripulantes apenas creían la historia de un país de personas diminutas, hasta que Gulliver les enseñó algunos animales pequeños que había llevado consigo. Lo acogieron a bordo y lo condujeron de regreso a Inglaterra.
Cuando volvió a ver a su familia, Gulliver había recuperado el mundo de las puertas, las mesas y las calles de su tamaño. Pero no olvidó Liliput: allí había descubierto que una persona puede ser enorme junto a sus vecinos y, aun así, estar a merced de decisiones tomadas en habitaciones muy pequeñas.
Seis preguntas de comprensión con respuestas
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¿Cómo llegó Gulliver a Liliput y qué encontró al despertar?
Respuesta: Llegó nadando a la costa después de un naufragio. Cuando despertó estaba atado al suelo y rodeado por habitantes diminutos. Las ataduras explican por qué no podía levantarse a pesar de ser mucho más grande.
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¿Qué hizo para conseguir la confianza necesaria para recuperar su libertad?
Respuesta: Evitó lastimar a las personas, aprendió parte de su idioma y mostró una conducta cuidadosa. Después aceptó condiciones para desplazarse y colaborar en la defensa del reino. Su libertad no fue inmediata ni incondicional.
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¿Por qué es importante la discusión sobre los huevos?
Respuesta: Porque ayuda a entender cómo una norma aparentemente pequeña se convirtió en motivo de persecuciones, exilios y conflictos entre Liliput y Blefuscu. El relato muestra la desproporción entre el asunto discutido y las consecuencias de la guerra.
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¿Cómo logró detener la flota de Blefuscu?
Respuesta: Sujetó varios barcos con cuerdas y ganchos, liberó sus anclas y los llevó hacia Liliput. Su tamaño hizo posible mover las embarcaciones sin hundirlas.
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¿Por qué el emperador dejó de ver a Gulliver como un aliado obediente?
Respuesta: Porque Gulliver se negó a conquistar Blefuscu y someter a sus habitantes. Además, adversarios de la corte reunieron otras acusaciones, entre ellas su trato amistoso con los enviados de la paz y el incidente del palacio. El desacuerdo político se transformó en una amenaza personal.
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¿Qué le permitió salir de Blefuscu y cómo terminó el viaje?
Respuesta: Encontró una barca adecuada para su tamaño, la arregló con ayuda local y obtuvo permiso para partir. Ya en el mar, lo recogió un barco inglés, y finalmente regresó a su país y a su familia. Esta es la conclusión del primer viaje, no de toda la novela.
Actividad resuelta: hechos del cuento e inferencias
Un hecho del cuento es algo que la narración dice que ocurrió. No significa que haya ocurrido en la historia real: esta es una obra de ficción. Una inferencia es una conclusión razonable que el lector obtiene al relacionar pistas del relato.
Consigna: clasifica cada afirmación como H (hecho narrado) o I (inferencia) y explica qué detalle del cuento la respalda.
- Gulliver despertó sujeto al suelo con cuerdas.
- La conducta inicial de los liliputienses combinaba cautela y ayuda, en lugar de ser únicamente hostil.
- Gulliver aprendió palabras del idioma de Liliput.
- Gulliver y el emperador entendían de forma distinta qué significaba ayudar a Liliput.
- Un visitante avisó a Gulliver de las acusaciones y del castigo previsto.
- La decisión de abandonar Liliput estuvo relacionada con la pérdida de confianza en la corte.
- Gulliver encontró una barca en la costa de Blefuscu.
- La presencia de la barca ofrecía una salida menos peligrosa que quedarse entre dos gobiernos enfrentados.
Soluciones explicadas
- H: las cuerdas y la imposibilidad de levantarse aparecen directamente en el relato.
- I: lo ataron y le dispararon flechas cuando intentó moverse, pero también lo alimentaron. De esas acciones se infiere un trato a la vez precavido y atento a sus necesidades; el narrador no lo califica expresamente de esa manera.
- H: el aprendizaje del idioma se cuenta durante su convivencia.
- I: Gulliver había aceptado defender el reino y retiró la flota enemiga; el emperador quiso además someter a Blefuscu y se enfadó ante la negativa. Comparar esas decisiones permite inferir que no estaban de acuerdo sobre los límites de la ayuda, aunque el relato no lo afirma con esas palabras.
- H: la advertencia secreta y el castigo planeado son sucesos narrados.
- I: su salida ocurre después de descubrir el plan contra él; la relación se razona a partir de esa secuencia.
- H: el hallazgo de la barca se relata de manera directa.
- I: se deduce de la amenaza de Liliput, la protección limitada de Blefuscu y el deseo de Gulliver de volver a casa.
Obra original: Gulliver’s Travels, parte I («A Voyage to Lilliput»), de Jonathan Swift. Adaptación abreviada, redacción en español y actividades: Aureliano Vargas.

