El príncipe Danilo (2da parte)
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En la parte anterior de nuestro cuento, vimos como la princesa se demoraba lo más que podía para evitar casarse con su hermano, quien ya la estaba esperando para ir a la iglesia. Lentamente se puso sus zapatitos de oro y mientras lo hacía, las muñecas en su habitación se pusieron a cantar:
—¡Cucú, cucú, príncipe Danilo! El hermano se quiere casar con la hermana. ¡Que la tierra se abra y se hunda la hermana!
En ese instante la tierra se empezó a abrir y afuera, el príncipe volvió a gritarle para que se diera prisa:
—¡Hermanita, que se hace tarde para casarnos!
—Ya voy, hermano, ya voy —dijo ella—, solo espera a que me ponga mi faja.
Y mientras se ataba la faja, las muñecas se pusieron a cantar de nuevo:
—¡Cucú, cucú, príncipe Danilo! El hermano se quiere casar con la hermana. ¡Que la tierra se abra y se hunda la hermana!
Y la tierra se abrió mucho más debajo de sus pies. La princesa saltó hasta que solo su cabeza asomaba a la superficie.
—¡Hermana, sal ya! ¡Vamos a casarnos! —volvió a gritar el príncipe.
—Espera un poco hermanito, deja que me ponga mis pendientes — le respondió ella.
Por tercera vez, las muñecas se pusieron a cantar, hasta que se abrió un túnel inmenso debajo de la tierra.
—¡Cucú, cucú, príncipe Danilo! El hermano se quiere casar con la hermana. ¡Que la tierra se abra y se hunda la hermana!
Muy molesto, el príncipe entró en la habitación y sacó su espada para cortar las cabezas de las muñequitas. Sin embargo era demasiado tarde, la princesa había escapado y ahora se encontraba en medio de una ciudad subterránea. Allí anduvo por horas, hasta que llegó a una enorme cabaña cabaña que andaba sobre cuatro patas de gallina y daba vueltas sin parar.
—¡Cabaña, cabañita! Vuelve tu espalda hacia el bosque y abre tu entrada para mí —le rogó la princesa.
Y en un instante, la cabaña se detuvo para abrirle las puertas de par en par. Adentro, vivía una joven muy hermosa, quien estaba bordando un lienzo con hilos de oro y de plata. Al ver a su inesperada invitada, se quedó muy sorprendida y le habló con mucho cariño:
—¿Qué estás haciendo aquí, querida niña? ¿No te das cuenta de que este es el hogar de una bruja terrible? Ahora no se encuentra en casa, pero cuando vuelva y te encuentre aquí, ¡pobre de ti!
La princesa se asustó mucho al escucharla, pero como no tenía adonde ir, se sentó junto a ella para ayudarle a terminar con su bordado. Así fue como se conocieron y se hicieron amigas.
Sin embargo, un rato después una bruja de nariz ganchuda y pies de madera entró en la casa, provocando un gran escándalo. La muchacha de la cabaña para proteger a su amiga, decidió transformarla en una aguja que luego escondió en una escoba, la cual colocó en un rincón.
—¡Huelo carne humana! —exclamó la bruja, al entrar en su habitación.
CONTINUARÁ…

